DIN MICAS COOPERATIVAS PARA FORTALECER LA COMPRENSI N DE COMPUESTOS INORG NICOS EN BACHILLERATO

COOPERATIVE DYNAMICS TO STRENGTHEN UNDERSTANDING OF INORGANIC COMPOUNDS IN UPPER SECONDARY EDUCATION

Autores: J ssica Vanessa Del Pozo Farinango, Javier Jordano Pincay Villac s y 3 Joe Ronald V lez Ulloa

ORCID ID: https://orcid.org/0009-0009-0649-3508

ORCID ID: https://orcid.org/0009-0002-8258-3264

3ORCID ID: https://orcid.org/0009-0006-6095-887X

E-mail de contacto: jessica.delpozof@ug.edu.ec

E-mail de contacto: javier.pincayv@ug.edu.ec

E-mail de contacto: joe.velezu@ug.edu.ec

Afiliaci n: : * * * 4*5*Universidad de Guayaquil (Ecuador)

Art culo recibido: 09 de mayo del 2026

Art culo revisado: 09 de junio del 2026

Art culo aprobado: 01 de julio del 2026

Licenciatura en Pedagog a de la Qu mica y Biolog a adquirida de la Universidad de Guayaquil (Ecuador).

2Licenciatura en Pedagog a de la Qu mica y Biolog a adquirida de la Universidad de Guayaquil (Ecuador).

3Master en Pedagogia con mencion en Docencia Universitaria adquirida de la Universidad Nacional Aut noma de Nicaragua Managua (Nicaragua), Profesor de Segunda Ense anza especializacion Quimico Biologicas adquirida de la Universidad de Guayaquil (Ecuador).

 


Resumen

La instrucci n en la qu mica inorg nica tiene problemas que se relacionan con el car cter te rico que tienen su contenido, el uso del lenguaje simb lico y la escasa participaci n del alumnado en aquellas metodolog as que solo se limitan a la exposici n del profesorado. El trabajo de investigaci n tuvo como finalidad analizar la valoraci n que el alumnado realiz de las din micas cooperativas utilizadas para facilitar la comprensi n de los compuestos inorg nicos en el nivel de bachillerato. Se llev a cabo un enfoque mixto de dise o no experimental, de corte transversal y con alcance exploratorio-descriptivo. El n mero de alumnos que participaron fue de 82 alumnos de Primero de Bachillerato de la Unidad Educativa Fiscal Clemente Yerovi Indaburu de la poblaci n estudiantil que se pod a acceder. El proceso de obtenci n de informaci n fue a partir de un cuestionario de escala tipo Likert, la observaci n de campo y la entrevista de la autoridad institucional. Se encontr que las valoraciones hacia la gu a did ctica para comprender los compuestos inorg nicos era positiva (70,7 %), la asignaci n de roles (69,5 %) y la formulaci n de objetivos comunes para coordinar el trabajo en grupo (67,1 %). Por el contrario, el m todo Jigsaw fue valorado positivamente solo el 36,6 % y con una alta proporci n de respuestas neutrales. Se concluye que las din micas cooperativas son una opci n did ctica adecuada para promover la participaci n y ayudar en el aprendizaje de los compuestos inorg nicos, aunque ellas exigen la planificaci n del docente, su seguimiento sistem tico y actividades orientadas a la reflexi n y el an lisis.

Palabras clave: Aprendizaje colaborativo; Ense anza de la qu mica; Qu mica inorg nica; Educaci n secundaria; Participaci n estudiantil.

 

Abstract

The teaching of inorganic chemistry faces challenges related to the theoretical nature of its content, the use of symbolic language, and the limited student participation in methodologies that rely solely on teacher lectures. The purpose of this research was to analyze students' evaluations of cooperative learning activities used to facilitate the understanding of inorganic compounds at the high school level. A mixed-methods, non-experimental, cross-sectional design with an exploratory-descriptive scope was employed. The study included 82 first-year high school students from the Clemente Yerovi Indaburu Public School, selected from the available student population. Data was collected through a Likert-scale questionnaire, field observation, and an interview with school officials. The study found that the teaching guide for understanding inorganic compounds received positive feedback (70.7%), as did the assignment of roles (69.5%) and the formulation of common objectives to coordinate group work (67.1%). In contrast, the Jigsaw method was rated positively by only 36.6% of participants, with a high proportion of neutral responses. It is concluded that cooperative learning activities are a suitable teaching option for promoting participation and aiding in the learning of inorganic compounds, although they require teacher planning, systematic monitoring, and activities focused on reflection and analysis.

 

Keywords: Collaborative learning; Chemistry teaching; Inorganic chemistry; Secondary education; Student participation.

 

 

 

Sum rio

O ensino de qu mica inorg nica enfrenta desafios relacionados natureza te rica de seu conte do, ao uso de linguagem simb lica e participa o limitada dos alunos em metodologias que se baseiam exclusivamente em aulas expositivas. O objetivo desta pesquisa foi analisar as avalia es dos alunos sobre atividades de aprendizagem cooperativa utilizadas para facilitar a compreens o de compostos inorg nicos no ensino m dio. Foi empregado um delineamento transversal, n o experimental e de m todos mistos, com escopo explorat rio-descritivo. O estudo incluiu 82 alunos do primeiro ano do ensino m dio da Escola P blica Clemente Yerovi Indaburu, selecionados dentre a popula o estudantil dispon vel. Os dados foram coletados por meio de um question rio com escala Likert, observa o de campo e entrevista com funcion rios da escola. O estudo constatou que o guia de ensino para a compreens o de compostos inorg nicos recebeu feedback positivo (70,7%), assim como a atribui o de fun es (69,5%) e a formula o de objetivos comuns para coordenar o trabalho em grupo (67,1%). Em contrapartida, o m todo Jigsaw foi avaliado positivamente por apenas 36,6% dos participantes, com uma alta propor o de respostas neutras. Conclui-se que as atividades de aprendizagem cooperativa s o uma op o de ensino adequada para promover a participa o e auxiliar na aprendizagem de compostos inorg nicos, embora exijam planejamento por parte do professor, monitoramento sistem tico e atividades focadas na reflex o e an lise.

 

Palavras-chave: Aprendizagem colaborativa; Ensino de Qu mica; Qu mica Inorg nica; Ensino m dio; Participa o estudantil.

 

Introducci n

La instrucci n en qu mica inorg nica supone un reto para la educaci n cient fica de los alumnos de ense anza secundaria, porque su inmensa abstracci n y el uso de s mbolos, f rmulas y nomenclaturas resulta muy habitual en ya la qu mica inorg nica.

 

Los conceptos de los xidos, los hidr xidos, los cidos, las bases, las sales, los enlaces, las reacciones qu micas, etc., son temas que conllevan relacionar contenidos conceptuales te ricos con esas representaciones simb licas y su aplicaci n desde lo cotidiano de la vida diaria.

 

Cuando se propone la ense anza de estos temas nicamente mediante clases magistrales (exposiciones) y ejercicios de repetici n, el resultado puede ser la dificultad de su comprensi n y la memorizaci n en lugar del razonamiento cient fico.

 

Esta situaci n no depende s lo de las complejidades de la materia sino tambi n de las estrategias del profesorado, puesto que en las pr cticas habituales el estudiante, normalmente, tendr un rol docente puro, sin un espacio para preguntar, para argumentar, para contradecir, para hacer explicaciones propias.

 

Que ser a lo que le permitir a aprender reglas de formulaci n o nomenclatura de maneras de ser capaces de explicar las propiedades de los compuestos inorg nicos y de las transformaciones entre ellos. Por eso hay que incorporar metodolog as que recojan, por un lado, una mayor participaci n de tipo pr ctica.

En el marco de estas alternativas de organizaci n del aprendizaje, el aprendizaje colaborativo se ala que los alumnos deben trabajar de forma organizada y tratar de proseguir a partir de unos objetivos comunes.

 

No se limita a poner a los alumnos en grupos, sino que exige unos objetivos establecidos que pueden ser propuestos por el grupo, con distribuci n entre los miembros, intercambio de informaci n y evaluaci n de las aportaciones realizadas.

En este camino, cada uno de los miembros de un grupo de alumnos contribuye a los resultados del grupo y a su propio aprendizaje mediante la explicaci n del di logo, la resoluci n conjunta de las dificultades que se les plantean. En la ense anza de las ciencias, las t cnicas cooperativas podr an ayudar a los alumnos a dar cuenta de los fen menos, a interpretar las f rmulas y a resolver problemas.

 

En el planteamiento de la qu mica inorg nica, los alumnos pueden discutir los procedimientos, comparar resultados, comprobar la existencia de errores y proponer explicaciones con un lenguaje que se forma a partir de la experiencia de los alumnos. As el trabajo grupal permitir reconstruir el conocimiento, y no s lo dividir las cosas.

 

De igual forma, se estim que la discusi n en grupo promueve la argumentaci n cient fica en el caso en que las actividades exigen analizar informaci n, justificar respuestas y contrastar fuentes. En cuanto a los antecedentes que han sido revisados respecto de la investigaci n, se deducen estrategias colaborativas que se traducen en una mayor participaci n, una mayor responsabilidad compartida y una mayor integraci n de los estudiantes.

 

Las estrategias colaborativas las establecieron tambi n plantean que los talleres, las actividades pr cticas y las gu as did cticas pueden facilitar la comprensi n de los contenidos qu micos si, en general, ofrecen indicaciones claras y la posibilidad de la aplicaci n de los conocimientos, aunque su adecuaci n depende de la planificaci n de la pr ctica docente, de la organizaci n de los grupos y del seguimiento de las actividades.

 

En este sentido, el presente trabajo tiene por objeto examinar la valoraci n de los estudiantes respecto de las din micas cooperativas que fueron utilizadas en clase para favorecer la comprensi n de los compuestos inorg nicos en bachillerato: participaci n, reparto de roles, intercambio de conocimientos, feed-back, pensamiento cr tico, etc. El estudio intenta contribuir a la organizaci n de experiencias participativas de aprendizaje sin embargo no establece relaciones de causalidad que el dise o metodol gico no permita.

 

Desaf os en la ense anza de la qu mica inorg nica

La ense anza de la qu mica inorg nica representa uno de los principales retos dentro de la formaci n cient fica de los alumnos de bachillerato, dado su car cter abstracto y al uso continuo y permanente de s mbolos, f rmulas, estados de oxidaci n y de reglas de nomenclatura. Para que el estudiante pueda llegar a entender esta materia debe establecer relaciones entre los fen menos observables y los fen menos microsc picos que conciernen tomos, iones, enlaces, transformaciones qu micas.

 

Esta necesidad puede resultar en un esfuerzo dif cil cuando los contenidos se encuentran segmentados en fragmentos o resulta en el aprendizaje-memorizaci n de procedimientos. Seg n Delgado Fern ndez (2021), la qu mica estudia la composici n, la estructura, las propiedades de la materia, adem s de las transformaciones que experimenta en las reacciones qu micas, incluyendo su relaci n con la energ a.

 

Dicha complejidad te rica pone de manifiesto que aprender qu mica no consiste simplemente en poder reconocer qu f rmulas hay que aplicar sino en entender c mo y por qu suceden determinados cambios. De aqu que el proceso de ense anza-aprendizaje deba combinar las explicaciones te ricas, con representaciones visuales, ejercicios y la aplicaci n misma de los conocimientos a situaciones concretas.

 

Los problemas m s comunes se refieren a la nomenclatura de los compuestos inorg nicos. Echeverri Jim nez (2023), asegura que la nomenclatura inorg nica qu mica se convierte en uno de los mayores temores de los estudiantes a lo largo del proceso formativo.

Esta consideraci n puede deberse a que, para nombrar xidos, hidr xidos, cidos y sales, hay que saber reconocer elementos, oxidaciones, grupos funcionales y reglas espec ficas.

 

Cuando el aprendizaje es s lo memorizar reglas, los estudiantes pueden resolver algunos ejercicios, pueden, incluso, a la hora de repasar los resultados, tener dificultades para justificar la soluci n adoptada o aplicar lo aprendido en otros problemas diferentes.

 

Adem s, la complejidad aumenta si el contenido no se relaciona con experiencias cercanas. Los compuestos inorg nicos est n presentes en productos de limpieza, medicamentos, alimentos, materiales de construcci n, abonos y procesos industriales.

Las relaciones se aladas por el contacto con el entorno tienden a ser poco visibles en la clase. Si no se explicitan estas conexiones, la asignatura puede llegar a ser vista como alejada de la realidad. La ense anza de ciencia en situaciones reales ayuda a entender procesos cotidianos, reflexionar sobre las cuestiones del entorno y aportar sentido al aprendizaje en unidades did cticas conectadas con contextos cercanos (Milena Cipamocha, 2022).

 

Otro de los retos corresponde a la mayor utilizaci n de metodolog as expositivas. Indudablemente, la explicaci n por parte del docente es fundamental para acompa ar la introducci n de conceptos y ofrecer orientaciones de procedimientos, pero su utilizaci n exclusiva conduce a una reducci n de preguntas, debates, experimentos y a construir explicaciones propias.

 

En la ense anza actual de la qu mica inorg nica, se aboga por una ense anza centrada en el estudiante, por una utilizaci n de tecnolog as educativas, por la participaci n activa, por la interdisciplinaridad y por la atenci n a la diversidad Merino & Riofrio (2024), con lo cual se requiere de la superaci n de una perspectiva donde el estudiante es receptivo.

 

Por lo tanto, la ense anza de la qu mica inorg nica necesita estrategias que unan la teor a con la pr ctica, lo individual con el trabajo en com n y las explicaciones del profesorado con la investigaci n del alumnado.

Lo que hay que remarcar no es que se deba simplificar el contenido nicamente, sino que hay que abrir otras v as para comprenderlo. Los gr ficos, los talleres, los modelos, los experimentos y los problemas pueden ayudar al tr nsito del lenguaje cotidiano al lenguaje cient fico.

 

Din micas cooperativas en la ense anza de las ciencias

 

Las din micas cooperativas se apoyan en la organizaci n de la participaci n de los educativas para prestar la consecuci n de finalidades y objetivos comunes. En la ense anza de las ciencias, las din micas cooperativas permiten el an lisis de diversos fen menos, la formulaci n de explicaciones, la resoluci n de problemitas y el contraste de informaci n en base a los di logos. La aplicaci n de din micas cooperativas busca que el alumnado pase de una posici n solamente receptiva a una activa en la construcci n del conocimiento junto a sus compa eros.

 

Conforme y como afirman Moreira & otros, (2024), el aprendizaje colaborativo queda descrito como una estrategia pedag gica en la que se fomenta el trabajo de unos pocos estudiantes con el que lograr construir una meta de manera colaborativa; los estudiantes asumen la responsabilidad de su aprendizaje y el de los dem s.

 

Esta definici n muestra que la colaboraci n no radica solamente en juntar estudiantes para hacer una tarea, sino que tambi n hace referencia a la existencia de un objetivo com n, a la existencia de las correspondientes responsabilidades y al que es factible aprender de lo que los distintos participantes pueden ir aportando.

En el mbito de las ciencias experimentales, el trabajo cooperativo puede favorecer la comprensi n de contenidos complejos. En este sentido, Rea-Alvear & Castro-Salazar (2021), indican que el aprendizaje colaborativo refuerza el desarrollo de las destrezas cient ficas en las Ciencias Naturales, y al mismo tiempo favorece procesos de comprensi n y an lisis de contenidos en disciplinas como la biolog a, la qu mica o la ecolog a.

 

La colaboraci n permite a los estudiantes compartir observaciones, explicar procedimientos y revisar las diferentes interpretaciones que cada uno de ellos ha elaborado antes de llegar a la respuesta final.

La din mica cooperativa en una clase de qu mica inorg nica puede tambi n organizarse en torno a la clasificaci n de compuestos, el an lisis de reacciones o la soluci n de ejercicios de nomenclatura. Un grupo puede ponerse a estudiar los xidos, mientras que otro grupo analiza los hidr xidos, los cidos o las sales.

 

Posteriormente, se intercambian los resultados y articulan relaciones entre las distintas funciones qu micas. Esta organizaci n permite que los contenidos sean tratados desde distintos marcos de referencia y no nicamente a partir de la explicaci n del profesor.

 

Almeida et al. (2023) se alan que la producci n colaborativa de materiales did cticos puede contribuir a la comprensi n de la qu mica, a la coeducaci n del grupo y a mejorar la responsabilidad colectiva. Cuando los estudiantes producen su propia presentaci n, realizados, fichas o soportes visuales, tienen que seleccionar informaci n, estructurarla y darle forma de forma suficientemente clara. Esto les ha de permitir revisar lo que han aprendido y darse cuenta de que se han dejado errores conceptuales.

 

El uso de din micas de ense anza cooperativa tambi n permite desarrollar habilidades sociales. Banegas & otros (2024), dicen que el trabajo en grupo favorece la escucha activa, la empat a, la negociaci n y la resoluci n de conflictos; son competencias imprescindibles para ser capaces de comunicarse de una manera respetuosa y tomar decisiones de manera conjunta.

 

En el caso de una actividad cient fica los estudiantes pueden tener distintas respuestas, de tal modo que tienen que aprender argumentar sin descalificar las opiniones de los compa eros. La cooperaci n debe contar con unos objetivos, unas instrucciones, tiempos, materiales y criterios de evaluaci n definidos para evitar una participaci n desigual. Tras revisar los estudios del aprendizaje colaborativo encontr resultados favorables para la construcci n del conocimiento y para el desarrollo de habilidades interactivas, procedimentales y actitudinales. Estos resultados son positivos, pero dependen de que la actividad requiera una colaboraci n efectiva y no sea una mera suma de trabajos.

 

Interdependencia positiva y distribuci n de responsabilidades

 

La interdependencia positiva es uno de los elementos que conforma el aprendizaje grupal. Este se da cuando los miembros tienen la seguridad de que para conseguir la meta ser necesario que todos los miembros contribuyan a la misma.

 

Cada integrante se hace responsable de una funci n concreta, pero su actuaci n est conectada con las funciones que realizan sus compa eros y de la que se espera un resultado global. Esta situaci n evita que el trabajo del grupo sea simplemente una divisi n del contenido en actividades independientes.

 

La interdependencia positiva requiere ir alcanzando la meta a la vez. De ah que el grupo deba proponerse unos objetivos que sean eficaces y distribuidos a partes iguales de acuerdo con las capacidades de cada miembro.

El reparto de los roles hace que se puedan sacar los beneficios de cada alumno, pero no puede hacer que cada uno conozca nicamente una parte del contenido. Todos tienen que saber por qu se hace algo y preparar los contenidos para aportar en el resultado.

 

En la ense anza de la qu mica inorg nica, se puede querer interdependencia positiva en investigaciones, trabajos monogr ficos o resoluci n de problemas. En una actividad que versa sobre xidos b sicos, un estudiante puede investigar sobre la forma en la que obtienen los xidos, otro puede analizar la nomenclatura, otro puede indagar sobre aplicaciones diarias y otro puede generar la exposici n.

 

Pese a que las funciones fueren diferentes, los participantes han de revisar la informaci n de forma conjunta y confirmar que las explicaciones sean correctas. Espinoza (2022), lo avalan o lo ratifican estableciendo que los objetivos de trabajo deben ser, en cualquier caso, los impuestos por los miembros del grupo, que tendr n que ir evaluando el trabajo de forma peri dica e ir mostrando cambios para mejorar. Esta evaluaci n les da autonom a al grupo y permite ir resolviendo las dificultades que surjan antes de concluir la actividad.

 

El docente tiene una funci n de mediador, pues vigila la organizaci n, hacer preguntas o ayudar a resolver dudas, pero no sustituye el participar de los estudiantes. La distribuci n de responsabilidades se conecta estrechamente con la distinci n entre responsabilidad individual y responsabilidad de grupo. Seg n Melena Colcha (2023), cada miembro del grupo debe ser proactivo en el ayudar al equipo a avanzar, compartir su conocimiento, corregir sus errores y comunicarse activamente, es decir, el resultado del grupo depende de la responsabilidad que muestra cada uno en la incorporaci n de cada aportaci n.

 

Una correcta distribuci n de las responsabilidades puede favorecer tambi n a la organizaci n del tiempo. De acuerdo a Latorre (2024), la gesti n del tiempo supone un medio para organizar la actividad, tomar decisiones y facilitar la labor productiva, as mismo, los grupos escolares deben establecer tiempos para investigar, analizar, resolver dudas, revisar y presentar. La falta de una correcta planificaci n puede llevar a que los alumnos se centren en las actividades secundarias o las realicen de forma apresurada.

 

Existen documentos que pueden ser empleados para robustecer esta organizaci n: registros de asistencia, listas de las tareas, r bricas, cronogramas breves y fichas de tarea para alumnos. Si cada alumno tiene asignadas tareas concretas, cada uno de los participantes sabe qu tienen que hacer cada uno y c mo su actuaci n se integra en el logro del objetivo colectivo.

 

Estos documentos permiten al docente orientar el cumplimiento de las tareas y dar una respuesta oportuna. Un error habitual sobre la interdependencia positiva la confunde con dependencia absoluta. Cada uno de los alumnos tiene que aprender a ser aut nomo en el an lisis de la informaci n y en la dial ctica de alternativas.

 

Luego estas entradas del alumnado son puestas en com n; enriquecidas, puestas en contraste. Esta interrelaci n de autonom a y cooperaci n evita que los alumnos con mayores capacidades resuelvan las actividades a partir de las que reproducen las respuestas del trabajador que parecen tenerlo todo.

 

En el rea de la qu mica, dicha organizaci n resulta particularmente beneficiosa, pues la resoluci n de una tarea suele implicar la ejecuci n de varias acciones tales como: el reconocimiento de los elementos; el trabajo con los n meros de oxidaci n; la formulaci n de compuestos; el uso de la nomenclatura; la justificaci n de propiedades.

 

La distribuci n de las responsabilidades facilita ayudar a resolver el problema con orden, pero la puesta en com n es absolutamente imprescindible para integrar las etapas de resoluci n del problema. Visto de esa manera, sino la interdependencia positiva vuelve al grupo en la comunidad de aprendizaje donde cada participaci n tiene un valor determinado entre las personas del mismo y forma la conciencia grupal. La forma de llegar, poniendo en pr ctica este tipo de interdependencia, puede incrementar el sentido de pertenencia, comunicaci n y organizaci n de un grupo, siempre y cuando las tareas sean claras y haya un seguimiento por parte de los docentes.

 

La tesis recupera este principio como uno de los pilares fundamentales de la gu a did ctica que se plantea, junto con la responsabilidad individual y del grupo, la interacci n que promueve la construcci n del conocimiento de forma activa y la retroalimentaci n continua.

 

M todo Jigsaw para el estudio de compuestos inorg nicos

 

El m todo Jigsaw, conocido tambi n como rompecabezas, es una estrategia colaborativa que distribuye un contenido amplio entre los integrantes de un grupo. Cada estudiante se responsabiliza inicialmente de un subtema, lo estudia junto con compa eros que trabajan el mismo contenido y posteriormente regresa a su equipo original para explicarlo.

 

De esta manera, el aprendizaje del grupo depende de la preparaci n y participaci n de cada integrante. Melena Colcha (2023), considera que los grupos Jigsaw constituyen una estrategia activa y eficaz porque promueven la interacci n cooperativa, la responsabilidad, el compa erismo, el trabajo en equipo y el mejoramiento de las relaciones interpersonales.

Su estructura permite que todos los estudiantes tengan una funci n relevante y disminuye la posibilidad de que uno solo concentre la actividad. La primera etapa consiste en conformar los grupos base. En ellos se presenta el tema general y se asigna a cada integrante una parte espec fica.

 

Para estudiar las funciones qu micas inorg nicas, por ejemplo, un estudiante puede trabajar los xidos, otro los hidr xidos, otro los cidos y otro las sales. Cada participante investiga la definici n, formulaci n, nomenclatura, propiedades y aplicaciones de su subtema.

 

A continuaci n se lleva a cabo la reuni n de expertos. En esta etapa se juntan los alumnos de diferentes grupos que comparten el mismo contenido para confrontar la informaci n, aclarar conceptos, resolver actividades y elaborar una explicaci n que pueda ser entendida por los miembros del grupo de origen.

 

En este encuentro se logra evitar que el estudiante se ci a a su nica interpretaci n y se favorece el trabajo colectivo. Espinoza (2022) vincula la t cnica del rompecabezas y la interdependencia positiva con interacci n promotora, dada la necesidad de que cada estudiante prepare en solitario una parte del contenido y comparta dicha parte con el grupo en el proceso de aprendizaje.

 

El conocimiento se lleg a construir a partir de una conjunci n de estudio individual, de di logo entre grupos de expertos y el proceso de ense anza entre alumnos. En la tercera etapa, los alumnos se reincorporan a sus grupos base, donde explican el subtema que han trabajado y dan respuesta a las preguntas de sus compa eros, un momento este clave porque hay que organizar las ideas, emplear un lenguaje adecuado y asociar la informaci n con ejemplos.

 

En qu mica inorg nica, el m todo se puede aplicar al estudio de familias de compuestos, tipos de enlaces, estados de oxidaci n o aplicaciones industriales, as por ejemplo unos alumnos pueden estudiar la formulaci n de los hidr xidos, otros su nomenclatura, otros sus propiedades o sus aplicaciones cotidianas. Finalmente las aportaciones se articulan en una explicaci n conjunta que permite por tanto comparar conceptos, contestar preguntas y construir una mejor comprensi n sobre el tema.

 

Retroalimentaci n y construcci n colectiva del conocimiento qu mico

 

La retroalimentaci n es un proceso primordial en la ense anza de la qu mica, pues permite la detecci n de errores, el desvanecimiento de las dudas y la mejora de procedimientos en el desarrollo de las actividades. La retroalimentaci n no se limita a indicar si una respuesta resulta correcta o incorrecta, sino que se propone dar indicaciones que gu en a la estudiante a saber qu debe corregir y la manera de seguir.

 

Moreira & otros, (2024), subrayan el valor de la retroalimentaci n inmediata llevada a cabo durante las intervenciones cara a cara en la medida en que permite, en ajustes de forma inmediata, resolver malentendidos. Esta particularidad en la qu mica de la inorg nica es, sobre todo, notable, en el hecho de que un error en el propio estado de oxidaci n o en la formulaci n puede afectar a la nomenclatura y a la clasificaci n de la totalidad de un compuesto qu mico.

 

En una actividad de hidr xidos, por ejemplo, un grupo de alumnos puede incurrir en errores en la formulaci n del hidr xido de calcio. Estos errores pueden ser r pidamente corregidos gracia a la inmediatez de la retroalimentaci n. Esta es la estrategia que utilizamos para revisar la valencia del metal, la carga del grupo hidr xido y la necesidad de usar par ntesis.

 

En vez de solo dar la respuesta correcta, se pueden formular nuevas preguntas que lleven a los alumnos a darse cuenta del procedimiento a seguir. La interacci n entre compa eros tambi n la retroalimentaci n. Cuando los compa eros exponen sus respuestas, los dem s pueden tambi n comparar procedimientos y darse cuenta de las diferencias que existen.

 

Moreira & otros, (2024), indican que el di logo y el debate aclaran, resuelven confusiones y profundizan en los conceptos. Esa manera de comunicarse convierte el aula en un lugar donde se revisa y se reconstruye el conocimiento de manera colectiva.

 

La construcci n colectiva no implica que todas las afirmaciones tengan igual grado de validez cient fica. Las ideas han de confrontarse con postulados qu micos, con fuentes de referencia acad mica y con evidencias. El profesor ha de tomar la delantera en el an lisis y impedir que se apropien las explicaciones err neas. La intervenci n del profesor ha de facilitar el razonamiento y no sustituirlo.

La coevaluaci n puede incluirse como una forma de retroalimentaci n entre iguales. Romero Parra et al. (2023) diferencian la autoevaluaci n, que es realizada por el propio participante, y la coevaluaci n, que se produce entre los miembros del grupo. Ambas hacen posible reconocer las fortalezas, las dificultades y las responsabilidades en el grupo. En una actividad sobre per xidos, los alumnos pueden evaluar la correcci n de las definiciones, la correcta utilizaci n de la nomenclatura y la pertinencia de los ejemplos que se insertan.

 

La retroalimentaci n tambi n favorece la argumentaci n cient fica. Los alumnos han de fundamentar por qu una f rmula es correcta, explicar c mo se comporta un determinado compuesto o justificar una determinada clasificaci n. Este ejercicio permite eludir respuestas regidas por la memoria.

 

La discusi n abierta en torno a los cidos ox cidos puede pasar por la identificaci n del elemento central, del n mero de ox genos o del estado de oxidaci n correspondiente. Banegas & otros (2024), argumentan que la interacci n grupal propicia el desarrollo de habilidades como la escucha activa, la negociaci n de ideas y la resoluci n de conflictos, las cuales tienen un efecto positivo en la retroalimentaci n, siendo estas respetuosas y orientadas al aprendizaje.

 

Los estudiantes deben aprender a cuestionar ideas sin descalificar a sus autores. La retroalimentaci n continua ayuda tambi n a tomar decisiones al docente, el cual, tras conocer y observar cu les son los errores que mete el estudiante, por ejemplo, alterar la explicaci n, ofrecer nuevos ejemplos o pondr en funcionamiento actividades de refuerzo, entre otras.

 

De este modo, la evaluaci n no se debe hacer solamente al final, sino que debe estar ya dentro del proceso formativo. Los resultados de la investigaci n evidencian una percepci n favorable hacia la retroalimentaci n y hacia el intercambio de ideas en el contexto de las actividades de la qu mica inorg nica.

No obstante, tambi n se puso de manifiesto que hab a que prestarle especial atenci n a la capacidad para analizar, cuestionar y evaluar la informaci n cient fica; esto hace necesario que el di logo que proporciona el intercambio grupal venga acompa ado de preguntas orientadoras, las cuales provoquen verdaderas comparaciones, justificaciones y revisiones de las respuestas.

 

Por tanto, la retroalimentaci n se convierte en el puente que conduce desde la participaci n hacia la comprensi n. Cuando se da de manera puntual, concreta y respetuosa, puede propiciar que el alumnado pueda reconocer sus errores y desarrollar explicaciones cada vez m s s lidas.

Su interacci n con las din micas de trabajo colaborativo hace que el conocimiento qu mico pueda ser elaborado a partir de la interacci n, la revisi n y la argumentaci n.

 

Estrategias did cticas para fortalecer la comprensi n de la qu mica

 

Las estrategias did cticas permiten organizar las acciones, recursos y actividades que se van utilizando para la consecuci n de los objetivos de aprendizaje. En qu mica inorg nica, su elecci n debe adaptarse a la complejidad de los contenidos, las caracter sticas de los alumnos y la necesidad de vincular la teor a con la pr ctica.

 

Una estrategia adecuada no sustituye la rigurosidad cient fica, sino que facilita el acceso gradual a los conceptos. Merino & Riofrio (2024), afirman que la ense anza de la qu mica inorg nica en la actualidad se ha caracterizado por el protagonismo del alumnado, empleo de la tecnolog a educativa, participaci n del alumnado, esp ritu de interdisciplina y atenci n a la diversidad.

 

Estas son las caracter sticas que evidencian la necesidad de manejar m ltiples recursos y no s lo la exposici n para solucionar ejercicios de forma reiterada. Los talleres son una metodolog a que combina la explicaci n con la pr ctica con la reflexi n.

 

Este contenido puede ser trabajado por medio de representaciones gr ficas, modelos, simulaciones o actividades en los que los alumnos identifiquen la transferencia de electrones. Adem s, el uso de recursos materiales gr ficos incide en la posibilidad de representar procesos que no pueden observarse directamente.

 

Las actividades de investigaci n tambi n pueden ser herramientas para aprender. Delgado Fern ndez (2021), blinda la definici n para los enlaces covalentes desde los pares de electrones compartidos. Desde esta definici n, los alumnos pueden investigar ejemplos de enlaces simples, dobles y triples, construir modelos moleculares y relacionar el tipo de enlace y las propiedades de las sustancias.

La b squeda de los alumnos debe orientarse mediante preguntas y fuentes seleccionadas para evitar la b squeda de informaci n no precisa. Una alternativa de ense anza est en contextuar los compuestos inorg nicos dentro de la vida cotidiana. La ense anza de la qu mica debe ser desde situaciones aut nticas, seg n (Milena Cipamocha, 2022).

 

Los xidos se pueden relacionar con la corrosi n y la construcci n, los per xidos con la desinfecci n y el blanqueo, los cidos con productos agroalimentarios e industriales y las bases con productos de limpieza. Implicar ese tipo de relaciones es tener la posibilidad de practicar la utilidad de los contenidos y favorecer una comprensi n significativa.

 

Los juegos o actividades l dicas tambi n se pueden incorporar a la ense anza, siempre y cuando mantengan una finalidad pedag gica. Echeverri Jim nez (2023), en su trabajo de investigaci n sobre nomenclatura qu mica inorg nica, emple gu as l dicas e hizo un seguimiento de la comprensi n conceptual y de la resoluci n de problemas.

 

Los juegos de clasificaci n, las tarjetas de formulaci n y los desaf os grupales pueden favorecen la participaci n, siempre y cuando contemplen momentos posteriores de explicaci n y de an lisis. Giler & otros (2024), presentaron una propuesta did ctica para el aprendizaje de ecuaciones qu micas que combinaba sesiones presenciales, virtuales y actividades de escape room. Los resultados de su investigaci n confluyeron en valorar positivamente y niveles satisfactorios de aprendizaje, que fueron manifestados por una proporci n elevada de los participantes. Esta precedencia demuestra que la variedad de recursos puede incrementar el compromiso del estudiante, siempre que las actividades se encuentren bien articuladas con los objetivos curriculares.

 

La gu a did ctica se configura como un recurso para poder compaginar estas estrategias. Esta gu a puede contener objetivos, explicaciones breves, actividades en grupo, ejercicios individuales, r bricas, autoevaluaciones y orientaciones para el docente. Su prop sito no es sustituir la planificaci n, sino proporcionar una secuencia que permita aplicar de una mejor manera las actividades participativas.

 

La propuesta incluida en la tesis se orienta al estudio de compuestos inorg nicos mediante aprendizaje colaborativo, talleres, investigaciones, ejercicios y evaluaciones. La interdependencia positiva tambi n est presente con la responsabilidad individual y grupal y la interacci n promotora. Su dise o responde a los resultados de las encuestas y a la entrevista institucional que revel predisposici n favorable por las metodolog as m s participativas.

 

Sin embargo, ninguna estrategia garantiza la comprensi n de antemano. Su adecuaci n depender de la claridad de las indicaciones llevadas a cabo, de la mediaci n y el acompa amiento del docente, de la disponibilidad de recursos y de la evaluaci n continua.

El dise o descriptivo del estudio no permite considerar que la gu a fuera capaz de producir mejoras causales en el rendimiento; lo que permiten sostener los resultados es que los participantes se mostraron favorables a su posible incorporaci n.

 

As pues, la mejor a de la comprensi n de la qu mica, requiere que cualquier explicaci n va seguida de investigaci n, colaboraci n, pr ctica y retroalimentaci n. Las estrategias deben conducir al alumno desde la identificaci n de los conceptos hasta su aplicaci n y argumentaci n. De este modo, la qu mica inorg nica puede ense arse como una ciencia relacionada con la vida cotidiana y no nicamente como un conjunto de f rmulas y reglas que deben memorizarse.

 

M todos y recursos

 

La investigaci n adopt un enfoque mixto. El componente cuantitativo permiti analizar mediante frecuencias y porcentajes las respuestas de los estudiantes, mientras que el componente cualitativo facilit interpretar la perspectiva de la autoridad institucional y las interacciones observadas durante las actividades acad micas.

 

El estudio fue exploratorio-descriptivo, no experimental y transversal, ya que las variables no fueron manipuladas y la informaci n se recogi en un momento concreto. As , los resultados describen percepciones y tendencias del contexto estudiado, sin llegar a establecer relaciones causales.

 

Se recurri a la investigaci n bibliogr fica-documental y de campo. La revisi n documental permiti abordar los aportes te ricos en relaci n con el aprendizaje colaborativo, la interdependencia positiva, la responsabilidad individual y grupal, la t cnica Jigsaw, la interacci n promotora y la ense anza de los compuestos inorg nicos.

 

La investigaci n de campo facilit la obtenci n de informaci n de manera directa con los participantes en la Unidad Educativa Fiscal Clemente Yerovi Indaburu. Esta combinaci n facilit la relaci n entre los fundamentos conceptuales y las caracter sticas concretas del escenario educativo estudiado.

 

En el procesamiento te rico se emple el m todo anal tico-sint tico. En una primera fase, el objeto de estudio se descompuso en sus principales dimensiones: din micas colaborativas, distribuci n de responsabilidades, interacci n entre estudiantes, retroalimentaci n y comprensi n de los contenidos qu micos.

 

De esta manera, los elementos puestos de manifiesto, en conjunto, son integrados para interpretar el fen meno en t rminos generales y dar raz n de las orientaciones did cticas que se propondr n. De forma contextualizada, los m todos con base te rica contribuyen a interpretar los fen menos educativos por medio del an lisis l gico, la abstracci n, la sistematizaci n del conocimiento y con ello se pueden elaborar propuestas pedag gicas coherentes.

 

La poblaci n accesible estuvo conformada por 82 estudiantes de los paralelos A y B de Primero de Bachillerato. Debido a su tama o y accesibilidad, se trabaj con la totalidad de los estudiantes, por lo que se realiz un censo de la poblaci n delimitada. Para recopilar la informaci n se utilizaron la encuesta, la observaci n de campo y la entrevista.

 

La encuesta estuvo dirigida a los 82 estudiantes y permiti conocer sus percepciones sobre el trabajo en equipo, la definici n de objetivos comunes, la asignaci n de roles, la retroalimentaci n, la t cnica Jigsaw y la utilidad de una gu a did ctica. Las encuestas permiten recoger de manera sistem tica informaci n relacionada con creencias, actitudes y comportamientos, generando insumos para interpretar los procesos educativos y orientar decisiones pedag gicas.

 

Se utiliz un cuestionario estructurado de diez tems como instrumento cuantitativo, organizado mediante una escala tipo Likert con cinco alternativas: totalmente en desacuerdo, en desacuerdo, ni de acuerdo ni en desacuerdo, de acuerdo y totalmente de acuerdo.

 

Las afirmaciones hac an referencia a la coordinaci n de los grupos, la participaci n de los estudiantes, los talleres colaborativos, la retroalimentaci n inmediata, la distribuci n de funciones, la organizaci n de tareas y el intercambio de conocimientos. Esta escala posibilit , por tanto, la medici n del grado de aceptaci n de cada uno de los tems que la conformaban y favoreci la comparaci n de las respuestas mediante frecuencias absolutas y porcentajes.

La observaci n de campo se utiliz para determinar las interacciones que se despliegan en el periodo de activaci n de las actividades acad micas, mediante cuestiones como la participaci n, la organizaci n del grupo, la comunicaci n entre los compa eros, la recuperaci n de los compromisos, as como la mediaci n docente.

 

La observaci n sistem tica puede proporcionar datos contextualizados acerca de las pr cticas pedag gicas y las interacciones que se llevan a cabo en el aula; esta t cnica puede complementar las respuestas de los tems del cuestionario, ya que se acomoda a las necesidades que emanan de la aproximaci n a la pr ctica del trabajo grupal.

 

Se le aplic la entrevista estructurada al rector de la instituci n para captar su opini n respecto a la planificaci n de los contenidos de la qu mica inorg nica, la claridad en las explicaciones por parte de los docentes, los recursos existentes y la posibilidad de aplicar estrategias como el m todo Jigsaw.

 

Las preguntas que lo estructuraban tambi n hicieron referencia al apoyo de la instituci n, la participaci n del alumnado y la posibilidad de aplicar una planificaci n did ctica como un recurso para la organizaci n de las actividades cooperativas. La informaci n cualitativa que se fue obteniendo se interpret mediante la identificaci n de ideas centrales y su v nculo con las tendencias obtenidas en las encuestas.

 

El an lisis cuantitativo se realiz mediante la tabulaci n de las respuestas. Para cada tem se calcul las frecuencias y los porcentajes referidos a las cinco categor as que contiene nuestra escala. Los resultados fueron expuestos en forma de tablas y en representaciones gr ficas, permitiendo identificar tendencias favorables, posiciones neutras y aspectos que debe reforzarse.

 

El an lisis cualitativo se realiz contemplando las respuestas de la autoridad institucional, a partir de los registros de observaci n, agrupando la informaci n en categor as que daban cuenta de participaci n, la planificaci n, los recursos, la cooperaci n y el conocimiento de los contenidos.

 

Como recurso de integraci n metodol gica se aplic la triangulaci n de informaci n, contrastando los datos provenientes de la encuesta, la entrevista y la observaci n. La combinaci n de t cnicas cuantitativas y cualitativas permite comprender con mayor profundidad los fen menos educativos, al relacionar datos medibles con experiencias y pr cticas observadas.

 

En este caso, la triangulaci n permiti identificar coincidencias y diferencias entre las percepciones del alumnado, la perspectiva institucional y las din micas registradas durante el proceso investigativo. Entre los recursos utilizados se incluyeron el cuestionario impreso, la gu a de entrevista, los registros de observaci n, las hojas de c lculo para la tabulaci n y las tablas y gr ficos empleados en la presentaci n de los resultados.

 

Asimismo, para sustentar la propuesta did ctica Los recursos pedag gicos que se consideraron fueron la tabla de los elementos, textos de las Ciencias Qu micas, hojas de trabajo de formulaci n, las r bricas, la pizarra, los rotuladores, los recursos visuales y las gu as de las actividades colaborativas, que se eligieron por su utilidad para representar contenidos abstractos, facilitar la distribuci n de los roles en el aula e incorporar elementos que favorezcan el desarrollo de la evaluaci n del trabajo individual y grupal.

 

La investigaci n fue de naturaleza tanto descriptiva como propositiva. La gu a did ctica se elabor a partir de los resultados, pero no fue evaluada experimentalmente, es por esto que, los resultados que se presentan son de pertinencia percibida y no de causas sobre el aprendizaje.

 

An lisis y resultados

Los resultados se organizaron a partir de las respuestas de los 82 estudiantes de Primero de Bachillerato de la Unidad Educativa Fiscal Clemente Yerovi Indaburu . Para facilitar la interpretaci n, las cinco opciones de la escala Likert se agruparon en tres tendencias: desfavorable totalmente en desacuerdo y en desacuerdo, neutral y favorable de acuerdo y totalmente de acuerdo. Los porcentajes que se presentan a continuaci n fueron recalculados a partir de las frecuencias registradas en la tesis, con un decimal, para evitar diferencias producidas por el redondeo.

 

Resultados generales de la encuesta

Tabla 1


Distribuci n de las respuestas sobre las estrategias colaborativas en qu mica inorg nica

 


Indicador evaluado

Desfavorable, n (%)

Neutral, n (%)

Favorable, n (%)

Identificaci n inicial de objetivos comunes

12 (14,6)

48 (58,5)

22 (26,8)

Talleres y actividades grupales

10 (12,2)

22 (26,8)

50 (61,0)

Retroalimentaci n continua

14 (17,1)

24 (29,3)

44 (53,7)

Objetivos comunes y coordinaci n grupal

11 (13,4)

16 (19,5)

55 (67,1)

Aplicaci n del m todo Jigsaw

22 (26,8)

28 (34,1)

30 (36,6)

Asignaci n de roles

5 (6,1)

20 (24,4)

57 (69,5)

Gu a did ctica y comprensi n

10 (12,2)

14 (17,1)

58 (70,7)

Gu a did ctica y participaci n

12 (14,6)

25 (30,5)

45 (54,9)

Gu a y organizaci n de tareas

11 (13,4)

30 (36,6)

41 (50,0)

Gu a e intercambio de ideas

8 (9,8)

22 (26,8)

52 (63,4)

 

Nota. N = 82. La categor a desfavorable agrupa totalmente en desacuerdo y en desacuerdo ; la categor a favorable integra de acuerdo y totalmente de acuerdo . Los porcentajes se calcularon nuevamente a partir de las frecuencias originales y pueden presentar diferencias m nimas frente a los valores redondeados de la tesis.


 

 

Los datos muestran que las valoraciones favorables m s altas correspondieron a la utilidad de la gu a did ctica para comprender los compuestos inorg nicos (70,7 %), la asignaci n de roles (69,5 %) y la definici n de objetivos comunes para coordinar el trabajo grupal (67,1 %).

 

Estos resultados sugieren que los estudiantes reconocieron especialmente el valor de las estrategias que proporcionan estructura, responsabilidades espec ficas y orientaciones claras para desarrollar las actividades.Tambi n se obtuvo una percepci n favorable respecto al intercambio de ideas mediante la gu a colaborativa (63,4 %) y a los talleres y actividades grupales vinculados con los contenidos de qu mica inorg nica (61,0 %).

 

Estas tendencias evidencian que una proporci n mayoritaria del alumnado valor positivamente las oportunidades para dialogar, investigar y relacionar los conceptos qu micos con situaciones pr cticas. Por su parte, el m todo Jigsaw fue el nico que mostr una valoraci n moderadamente favorable, con s lo el 36.6 % de respuestas favorables, un 34.1 % de respuestas neutrales y un 26.8 % de respuestas desfavorables.

 

Este resultado no significa necesariamente que se lo rechace, sino que puede reflejar una pr ctica poco habitual, escasa o mal explicada. El m todo supone una organizaci n adecuada del grupo base y del grupo de expertos y requiere un acompa amiento constante que facilite que cada miembro de la pr ctica sepa cu l es su responsabilidad.

 

Figura 1


Distribuci n de las percepciones sobre las estrategias colaborativas

Nota. La figura presenta la agrupaci n porcentual de las respuestas desfavorables, neutrales y favorables de los diez indicadores evaluados.

 

La Figura 1 permite observar que la percepci n favorable predomin en siete de los diez indicadores. Sin embargo, la elevada presencia de respuestas neutrales en la identificaci n inicial de objetivos comunes, el m todo Jigsaw y la organizaci n de tareas revela que varias pr cticas colaborativas todav a no estaban completamente consolidadas. La neutralidad puede asociarse con experiencias espor dicas, falta de claridad en las instrucciones o dificultades para identificar el aporte concreto de cada estrategia.

 

Organizaci n y responsabilidad dentro de los grupos

 

La asignaci n de funciones obtuvo uno de los resultados m s s lidos del estudio. De los 82 participantes, 57 expresaron una valoraci n favorable, lo que representa el 69,5 %. Solo cinco estudiantes, equivalentes al 6,1 %, manifestaron una percepci n desfavorable.

La diferencia evidencia que el alumnado reconoci que la distribuci n de responsabilidades puede ordenar la b squeda, el an lisis y la presentaci n de informaci n.

 

Tabla 2

Percepci n sobre la organizaci n del trabajo colaborativo


 

 

Componente

Totalmente en desacuerdo

En desacuerdo

Neutral

De acuerdo

Totalmente de acuerdo

Objetivos comunes y coordinaci n

4 (4,9 %)

7 (8,5 %)

16 (19,5 %)

36 (43,9 %)

19 (23,2 %)

Asignaci n de roles

0 (0,0 %)

5 (6,1 %)

20 (24,4 %)

22 (26,8 %)

35 (42,7 %)

Organizaci n de tareas mediante la gu a

1 (1,2 %)

10 (12,2 %)

30 (36,6 %)

8 (9,8 %)

33 (40,2 %)

Nota. Los porcentajes fueron calculados a partir de una muestra de 82 estudiantes. La suma puede presentar diferencias de 0,1 % debido al redondeo.


 

El 67,1 % consider que los objetivos compartidos ayudaron a coordinar las actividades. Esta percepci n respalda la importancia de iniciar cada trabajo mediante la formulaci n expl cita de una meta com n, pues permite determinar qu debe alcanzarse, qu funciones se requieren y c mo se integrar n los aportes individuales.

 

No obstante, la primera pregunta sobre identificaci n de objetivos comunes registr apenas un 26,8 % de valoraci n favorable y un 58,5 % de neutralidad. Aunque el contenido de esta pregunta fue muy parecido al del cuarto tem, los resultados fueron distintos.

 

Esta diferencia podr a indicar que la formulaci n de los enunciados, el momento de aplicaci n o la experiencia concreta recordada por los participantes influyeron en las respuestas. Tambi n evidencia la necesidad de interpretar los datos con prudencia, sin asumir que todos los indicadores midieron exactamente la misma experiencia.

 

En la organizaci n de tareas mediante la gu a, el 50 % expres una valoraci n favorable; sin embargo, el 36,6 % permaneci neutral. La distribuci n interna resulta particular, porque el 40,2 % eligi totalmente de acuerdo , mientras que solo el 9,8 % seleccion de acuerdo .

 

Este comportamiento puede mostrar opiniones polarizadas o diferencias entre los grupos en cuanto a la aplicaci n de la gu a. Por ello, se recomienda acompa ar el recurso con cronogramas, funciones definidas, criterios de seguimiento y productos individuales que permitan verificar el cumplimiento de cada responsabilidad.

 

Comprensi n de los contenidos y retroalimentaci n

 

Las actividades grupales aplicadas al estudio de enlaces y compuestos inorg nicos alcanzaron una valoraci n favorable del 61 %. El resultado indica que la mayor a percibi que los talleres y las investigaciones ayudaban a relacionar conceptos cient ficos con usos cotidianos. Sin embargo, el 26,8 % mantuvo una posici n neutral y el 12,2 % manifest una percepci n desfavorable, lo que muestra que la estrategia no produjo la misma experiencia para todos los estudiantes.

 

La retroalimentaci n continua alcanz un 53,7 % de respuestas favorables. Aunque representa una tendencia positiva, el 46,4 % restante se distribuy entre la neutralidad y el desacuerdo. Esto se ala que la devoluci n docente pudo haberse aplicado de forma desigual o no siempre fue percibida como suficientemente espec fica, inmediata o personalizada.

 

Tabla 3


Resultados vinculados con la comprensi n de la qu mica inorg nica

 

Indicador

Valoraci n favorable

Neutral

Valoraci n desfavorable

Talleres e investigaciones grupales

61,0 %

26,8 %

12,2 %

Retroalimentaci n continua

53,7 %

29,3 %

17,1 %

Gu a did ctica para comprender compuestos

70,7 %

17,1 %

12,2 %

Intercambio de ideas mediante la gu a

63,4 %

26,8 %

9,8 %

 

Nota. La valoraci n favorable re ne las categor as de acuerdo y totalmente de acuerdo . Los porcentajes fueron calculados directamente a partir de las frecuencias del instrumento.

 

La gu a did ctica fue el recurso m s valorado para ayudar a la comprensi n de los compuestos de tipo inorg nico. El 70,7% de los encuestados dio una opini n favorable, mientras que s lo el 12,2% tuvo una opini n desfavorable. Esta misma tendencia permite afirmar que los participantes del estudio afirman que la gu a podr a ser un recurso til para poder organizar las explicaciones, los ejercicios y las actividades colaborativas.

 

No obstante, debido al car cter descriptivo y no experimental del estudio, estos resultados deben interpretarse como percepciones del alumnado y no como evidencia de que la gu a ocasion una mejora objetiva del aprendizaje. Para comprobar su efecto ser a necesario realizar una aplicaci n sistem tica, emplear mediciones antes y despu s y, de ser posible, comparar los resultados con un grupo que no utilice el recurso.

 

Figura 2


Valoraci n favorable de las estrategias colaborativas

 

 

 

Nota. Los valores corresponden a la suma de las respuestas de acuerdo y totalmente de acuerdo . Se calcularon sobre un total de 82 participantes.

 

La Figura 2 muestra con claridad que los recursos con mayor aceptaci n fueron aquellos relacionados con la estructuraci n del proceso: gu a para la comprensi n, asignaci n de roles y establecimiento de objetivos comunes. Por otro lado, el m todo Jigsaw qued por debajo del resto de las estrategias, lo que revela la necesidad de explicar mejor sus etapas y aplicarlo de forma progresiva.

 

Aplicaci n del m todo Jigsaw

 

La valoraci n del Jigsaw merece un an lisis espec fico porque present el porcentaje favorable m s bajo. Treinta estudiantes manifestaron acuerdo o total acuerdo, mientras que 28 se ubicaron en la posici n neutral y 22 expresaron desacuerdo. La distribuci n indica que el grupo no mantuvo una percepci n homog nea sobre su utilidad.

 

Tabla 4


Percepci n estudiantil sobre la aplicaci n del m todo Jigsaw

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

Totalmente en desacuerdo

2

2,4 %

En desacuerdo

20

24,4 %

Neutral

28

34,1 %

De acuerdo

20

24,4 %

Totalmente de acuerdo

10

12,2 %

Total

82

100,0 %

 

Nota. Los porcentajes se recalcularon a partir de las frecuencias originales. En la tesis, el porcentaje de la categor a de acuerdo aparece redondeado como 27 %; el valor calculado sobre 82 estudiantes es 24,4 %.

 

Este resultado nos da la importancia que todav a hab a que tener en cuenta para una correcta consolidaci n de la t cnica. El Jigsaw exige una secuencia bastante clara, que incluye: conformaci n de los grupos base, estudio individual, reuni n de expertos, retorno a grupos originales y socializaci n. Cuando alguna de estas fases no se desarrolla bien, el estudiante puede entender la actividad como unas peque as y fragmentadas part culas que tiene que ir distribuyendo y no como un proceso de ense anza entre pares.

 

La alta neutralidad tambi n ser a capaz de asociarse con un conocimiento no muy amplio de la t cnica. Por ello, ser a conveniente disponer siempre de una actividad breve de demostraci n, una explicaci n de la funci n que tiene cada fase y de una r brica que valore la preparaci n individual, la explicaci n al grupo y la integraci n final de los conocimientos.

 

Participaci n e intercambio de ideas

 

La gu a did ctica obtuvo una valoraci n favorable del 54,9 % como promotora de la participaci n activa. Aunque la tendencia fue positiva, el 30,5 % se mantuvo neutral y el 14,6 % expres una opini n desfavorable. Esto evidencia que organizar a los estudiantes en equipos no asegura por s mismo una participaci n equitativa.

 

El intercambio de ideas present una valoraci n m s alta: 63,4 % favorable y solamente 9,8 % desfavorable. En este caso, la gu a fue reconocida como un medio para dialogar y compartir explicaciones. La diferencia entre ambos indicadores permite advertir que puede existir intercambio de informaci n sin que todos los integrantes participen con el mismo nivel de implicaci n.

 

De esta manera, para mejorar la participaci n, las actividades de aula deben incluir turnos de intervenci n, preguntas a miembros elegidos aleatoriamente, funciones rotativas y productos individuales. Esto limitar a la posibilidad que los estudiantes m s en rgicos concentren las explicaciones y permitir an valorar el aprendizaje de cada uno de los participantes.

 

Resultados de la entrevista institucional

 

La informaci n cuantitativa se complement con una entrevista al rector de la instituci n. Sus respuestas se organizaron en categor as relacionadas con la planificaci n, la ense anza, la participaci n, la distribuci n de roles y la gu a did ctica.

 

 


 

Tabla 5

S ntesis de los resultados cualitativos obtenidos en la entrevista


 


Categor a

Resultado principal

Relaci n con la encuesta

Planificaci n de contenidos

Se consider indispensable organizar previamente los contenidos para favorecer la comprensi n.

Coincide con la valoraci n favorable de los objetivos comunes y la organizaci n grupal.

Ense anza te rico-pr ctica

Se se al que los docentes emplean actividades pr cticas y te ricas para alcanzar los objetivos.

Se relaciona con el 61 % favorable hacia talleres e investigaciones grupales.

M todo Jigsaw

Fue considerado una estrategia til para promover participaci n y compromiso.

Contrasta parcialmente con la percepci n moderada de los estudiantes, de 36,6 % favorable.

Asignaci n de roles

Se reconoci como una pr ctica fundamental para fomentar la corresponsabilidad.

Coincide con el 69,5 % favorable registrado en la encuesta.

Gu a did ctica

Se consider til siempre que est bien dise ada y centrada en compuestos inorg nicos.

Coincide con el 70,7 % favorable respecto a la comprensi n de contenidos.

Nota. La s ntesis se elabor mediante la identificaci n de ideas centrales en las cinco respuestas del entrevistado. La entrevista representa la perspectiva de una autoridad institucional y no debe generalizarse al conjunto de docentes o directivos.


 

El contraste entre los datos cuantitativos y cualitativos evidencia puntos en com n en la importancia conferida a la planificaci n, a los roles y a la gu a did ctica. La propia autoridad institucional, as como los propios estudiantes, coincidieron en el hecho de que esas condiciones pueden ser positivas para favorecer la organizaci n y la comprensi n.

 

La principal diferencia se present en el m todo Jigsaw. Mientras el rector lo valor como una estrategia efectiva, los estudiantes expresaron una percepci n moderada y dividida.

 

Esta discrepancia puede explicarse porque la autoridad valor la potencialidad pedag gica del m todo, mientras que el alumnado respondi desde su experiencia concreta de aplicaci n. La diferencia refuerza la necesidad de mejorar la implementaci n antes de emitir conclusiones sobre su efectividad.

 

Discusi n

 

Los resultados obtenidos muestran una valoraci n mayoritariamente favorable de las estrategias colaborativas aplicadas a la ense anza de la qu mica inorg nica. Los indicadores que resultaron mejor valorados fueron la utilidad de una gu a did ctica para interpretar los compuestos inorg nicos, la distribuci n de roles y la necesidad de determinar objetivos comunes.

 

Este ltimo valor permite inferir que los estudiantes se sienten m s reconocidos con aquellas estrategias que confieren estructura a la actuaci n, distribuyen la responsabilidad y orientan claramente el desarrollo de la actividad.

 

Este resultado corroborar a las ideas de Moreira & otros, (2024), quienes explican que el aprendizaje colaborativo implica di logo, intercambio de ideas y responsabilidad conjunta. Acontece que, de acuerdo a estos autores, la disertaci n sirve para aclarar conceptos, resolver posibles malentendidos y profundizar en los contenidos trabajados.

 

En la qu mica inorg nica, la interacci n social puede contribuir a entender procesos de formulaci n, nomenclatura o clasificaci n de sustancias, pues el alumno tiene la oportunidad de explicar sus procedimientos y corregirse gracias a la intervenci n del grupo.

 

La consideraci n positiva de la asignaci n de roles tambi n se relaciona con la interdependencia positiva. Una vez que cada miembro cumple una funci n y sabe c mo se relaciona con la de los compa eros, se tiene otra medida de corresponsabilidad.

 

En el presente estudio, un 69,5 % de los alumnos valora tambi n positivamente la asignaci n de funciones, lo que hace ver que puede ser una pr ctica que ayude a una mayor equidad, pero la asignaci n de roles debe estar acompa ada de manera an loga de mecanismos que hagan posible conocer si todos los miembros han entendido todo el contenido general y no exclusivamente la parte que les corresponde desarrollar.

 

La importancia atribuida a los objetivos comunes confirma que la cooperaci n necesita una meta compartida. El 67,1 % consider que estos objetivos favorec an la coordinaci n grupal. Este resultado coincide con los fundamentos de la tesis, en la que se plantea que la definici n de metas permite ordenar las tareas, distribuir responsabilidades y establecer criterios para evaluar el proceso.

 

No obstante, la elevada neutralidad registrada en otro indicador semejante muestra que no todos los estudiantes identificaron con claridad esta pr ctica. Por ello, resulta necesario formular los objetivos de manera expl cita al inicio de cada actividad y comprobar que sean comprendidos por todos los participantes.

 

En cuanto a los talleres y actividades grupales, el 61 % expres una percepci n favorable. Este resultado se relaciona con el estudio de Giler & otros (2024), quienes desarrollaron una propuesta did ctica para la ense anza de ecuaciones qu micas mediante talleres, sesiones presenciales, recursos virtuales y actividades tipo escape room.

 

Los autores encontraron que un 71% del alumnado mostraba un nivel satisfactorio y una disposici n para aprender qu mica m s alta. A pesar de que ambas investigaciones no coinciden en el dise o y la extensi n, s comparten que mezclar actividades de forma pr ctica y colaborativa puede aumentar el inter s de los estudiantes y ayudarles a acercarse a contenidos complejos.

Eso s , hay que rechazar una relaci n causal evidente entre ambas investigaciones. La investigaci n de Giler & otros (2024), introdujo actividades y evaluaci n del resultado de aprendizaje, mientras que el trabajo presente analiz casi exclusivamente los puntos de vista del alumnado.

 

Por esta raz n, los datos obtenidos permiten hablar de aceptaci n, valoraci n y pertinencia percibida, pero no demuestran que las estrategias colaborativas hayan producido directamente una mejora en el rendimiento acad mico.

 

La retroalimentaci n continua alcanz una valoraci n favorable del 53,7 %. Este porcentaje muestra una tendencia positiva, aunque menos s lida que la registrada en la asignaci n de roles o en la gu a did ctica. Moreira & otros, (2024), destacan que la retroalimentaci n inmediata facilita el ajuste de ideas en tiempo real, especialmente cuando los estudiantes trabajan con conceptos que pueden generar confusi n.

 

En qu mica inorg nica, una correcci n oportuna puede evitar que se mantengan errores relacionados con los estados de oxidaci n, la formulaci n o la nomenclatura. El resultado obtenido tambi n indica que la retroalimentaci n no fue percibida de la misma manera por todos los participantes.

 

El porcentaje de respuestas neutrales y desfavorables indica que tal vez esta pr ctica pudiera haberse utilizado irregularmente o con diferente nivel de profundidad. Para que sea realmente formativa tendr a que explicar el porqu de que la respuesta correcta o incorrecta lo sea, deber a indicar la manera de proceder que necesitar a ser mejorada y deber a dar la oportunidad de corregir y repetir.

 

El m todo Jigsaw recibe la valoraci n favorable m s baja, el 36,6%. Lo que es notable es que los estudiantes han contestado de forma positiva el modelado de la autoridad institucional, que lo valoraba como un m todo que podr a aumentar la participaci n y tambi n el compromiso.

 

Esta discrepancia podr a explicarse pues la autoridad valoraba el Jigsaw desde el potencial pedag gico de la t cnica mientras que los estudiantes respondieron desde la concreta experiencia de la aplicaci n de la t cnica. El m todo Jigsaw requiere organizaci n de la secuencia, grupos base, grupos de expertos y momentos de socializaci n. Cualquier omisi n de alguna de estas etapas puede ser percibido como si fuera simplemente dividir contenidos.

 

La alta proporci n de respuestas intermedias acerca del Jigsaw puede creer que la baja familiaridad de este m todo es la raz n que justifique los resultados obtenidos; por lo que, antes de usar el Jigsaw en temas complejos, ser a conveniente realizar sesiones cortas de pr ctica, estudiar las responsabilidades de las figuras de experto y evaluar dicha preparaci n pr ctica y la ense anza entre compa eros a trav s de una r brica.

 

No se debe limitar el Jigsaw a la asignaci n de subtemas, sino que debemos garantizar que cada alumno explique, ense e y responda preguntas en su correspondiente grupo de trabajo. La gu a did ctica ha sido el recurso m s bien valorado, con un 70,7 % de valoraciones favorables sobre la utilidad de la misma cuando se trata de trabajos para llegar a conocer los compuestos inorg nicos.

 

Este hallazgo coincide con la necesidad identificada en la tesis de contar con materiales que organicen objetivos, contenidos, actividades, roles, evaluaci n y recursos. La propuesta incorpora talleres, hojas de trabajo, actividades de observaci n, di logo, exposici n y r bricas de evaluaci n, lo cual puede facilitar una aplicaci n m s sistem tica de las din micas colaborativas.

 

La valoraci n positiva de la gu a no significa, sin embargo, que su efectividad haya sido comprobada. Para determinar su impacto ser a necesario implementarla durante un periodo determinado, aplicar instrumentos antes y despu s y comparar los resultados.

 

En el presente estudio, la gu a representa una respuesta pedag gica derivada del diagn stico, pero no una intervenci n experimental evaluada. Otro aspecto relevante es la existencia de dificultades en la comprensi n de los contenidos. Las conclusiones de la tesis se alan que solo el 38 % de los estudiantes manifest comprender con facilidad los contenidos, mientras que el 40 % expres dificultades.

 

Asimismo, nicamente el 46 % percibi de manera positiva la frecuencia de aplicaci n de estrategias colaborativas y el 38 % consider que estas eran escasas o inexistentes. Estos datos permiten afirmar que la instituci n presentaba condiciones iniciales para incorporar metodolog as participativas, pero su aplicaci n todav a era limitada y poco sistem tica.

 

En s ntesis, los resultados refuerzan la conveniencia de potenciar el aprendizaje cooperativo para la docencia de la qu mica inorg nica. Los estudiantes apreciaron, en especial, la distribuci n de las tareas, la forma de organizar el trabajo y la gu a did ctica dispuesta.

 

Sin embargo, las dificultades encontradas en la comprensi n, feedback, aplicaci n del m todo Jigsaw muestran que la colaboraci n precisa de planificaci n, seguimiento y evaluaci n, ya que no se trata s lo de organizar los grupos, sino de poner en marcha la interacci n, verificar la participaci n individual y guiar la construcci n del conocimiento colectivo.

 

Conclusiones

 

El estudio permiti analizar hasta qu punto los alumnos valoraron las din micas de cooperaci n utilizadas en el aprendizaje de la qu mica inorg nica. Los resultados mostraron una evaluaci n positiva de la gu a did ctica, la evaluaci n de las funciones que deben desempe ar, la elaboraci n de una meta com n, los talleres y, en fin, el intercambio.

 

Todas ellas fueron valoradas como estrategias que pueden contribuir a la organizaci n, a la participaci n y a la aproximaci n de contenidos de la qu mica inorg nica especialmente dif ciles. La elaboraci n de las funciones y de las metas comunes fue la parte organizativa mejor valorada. Este hecho pone de manifiesto que el alumnado requiere de indicaciones claras, de funciones predeterminadas y criterios conocidos para contribuir de una forma efectiva.

 

La acci n de cooperar es m s valorada por el alumnado cuando saben cu l es su responsabilidad y se dan cuenta que su aportaci n es parte de un producto en conjunto.

La gu a did ctica fue valorada como la herramienta que puede provocar una mayor utilidad para contribuir a la comprensi n de los compuestos inorg nicos.

 

Su valoraci n radicaba en que se pod an entremezclar explicaciones, actividades pr cticas, ejercicios, trabajo en grupo y evaluaci n. Sin embargo, esta valoraci n se corresponde con la percepci n de los sujetos y no era suficiente para afirmar que la gu a did ctica hab a producido mejoras acad micas.

 

El m todo Jigsaw tuvo una valoraci n intermedia y exhibi una gran cantidad de respuestas neutras. Este resultado hace ver que es necesario aclarar, hacer m s escalonada y preparar mejor la t cnica, para su puesta en pr ctica, ya que debe explicarse la forma de llevarla a cabo, preparar a los grupos de expertos, y verificar que los y las estudiantes entiendan tanto su subtema como el tema general.

 

La retroalimentaci n fue vista como til, aunque su valoraci n fue inferior a la de otros elementos. Esto signific que era necesario ofrecer devoluciones m s frecuentes, m s centradas en lo espec fico y m s centradas en la correcci n. En qu mica inorg nica, el hecho de dar retroalimentaci n a su tiempo es clave para volver a errores conceptuales y procedimentales antes de que se los haya consolidado.

 

Tambi n se identific que una proporci n importante de estudiantes presentaba dificultades para comprender los contenidos y percib a una aplicaci n limitada de estrategias colaborativas. Por tanto, las din micas cooperativas no deben incorporarse como acciones ocasionales, sino como parte de una planificaci n sistem tica que combine explicaci n docente, investigaci n, pr ctica, di logo, evaluaci n individual y trabajo grupal.

 

Finalmente, debido al alcance exploratorio y descriptivo y al dise o no experimental de la investigaci n, no es posible establecer relaciones causales entre las estrategias colaborativas y el rendimiento acad mico. Los hallazgos permiten concluir que existe una valoraci n favorable y una necesidad pedag gica de fortalecer estas metodolog as. Se recomienda evaluar posteriormente la aplicaci n de la gu a mediante mediciones antes y despu s, indicadores de comprensi n conceptual y procedimientos que permitan distinguir el desempe o individual del grupal.

 

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Din micas cooperativas para fortalecer la comprensi n de compuestos inorg nicos en Bachillerato 2026 by J ssica Vanessa Del Pozo Farinango, Javier Jordano Pincay Villac s y Joe Ronald V lez Ulloa is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International. To view a copy of this license, visit https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/