SISTEMATIZACI N DE BUENAS PR CTICAS TUTORIALES DE VINCULACI N EN LA FORMACI N DE FUTUROS DOCENTES DE QU MICA Y BIOLOG A
SYSTEMATIZATION OF GOOD TUTORING PRACTICES IN COMMUNITY
ENGAGEMENT FOR TRAINING FUTURE CHEMISTRY AND BIOLOGY TEACHERS
Autores: Joe Ronald V lez Ulloa y 2Digna Roc o Mej a Caguana
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0006-6095-887X
ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-4390-0522
E-mail de contacto: joe.velezu@ug.edu.ec
E-mail de contacto: digna.mejiac@ug.edu.ec
Afiliaci n: : * *Universidad de Guayaquil (Ecuador)
Art culo recibido: 05 de junio del 2026
Art culo revisado: 03 de julio del 2026
Art culo aprobado: 04 de agosto del 2026
M ster en Pedagog a con menci n en Docencia Universitaria adquirida de la Universidad Nacional Aut noma de Nicaragua Managua
(Nicaragua), Profesor de Segunda Ense anza especializaci n Qu mico Biol gicas adquirida de la Universidad de Guayaquil (Ecuador)
Mag ster en Educaci n Inform tica, adquirida de la Universidad de Guayaquil (Ecuador). Licenciada en Ciencias de la Educaci n especializaci n: Inform tica, adquirida de la Universidad de Guayaquil (Ecuador).
La vinculaci n con la comunidad representa un elemento imprescindible en la formaci n del profesorado. Esta permite relacionar los saberes de la disciplina con los saberes de la pedagog a y con las necesidades de las comunidades educativas. El objetivo de la investigaci n fue sistematizar las buenas pr cticas de vinculaci n desarrolladas en la formaci n del estudioso de la Pedagog a de las Ciencias Experimentales Qu mica y la Biolog a en el periodo 2024 2026. La investigaci n fue desarrollada con un enfoque cualitativo, de car cter descriptivo e interpretativo, dise o no experimental, retrospectivo y modalidad documental. La unidad de an lisis estuvo constituida por la experiencia tutorial junto con las actividades ejecutadas por 75 estudiantes universitarios, quienes cumplieron hasta llegar a 96 horas de vinculaci n. Para la recolecci n de la informaci n que fue necesaria para responder a la pregunta de investigaci n revisamos informes, registros de asistencia, evidencias fotogr ficas, productos acad micos, reportes de seguimiento y documentos institucionales. La sistematizaci n permiti identificar como buenas pr cticas la inducci n inicial, la planificaci n coordinada, el seguimiento tutorial permanente, la retroalimentaci n y la articulaci n con las instituciones beneficiarias como buenas pr cticas. A su vez, se realizaron acciones que versaban acerca de la educaci n ambiental, los huertos escolares, la reutilizaci n de los materiales, la recuperaci n de las reas verdes y la adecuaci n de los espacios educativos. Por ltimo se concluye que la experiencia favoreci la aplicaci n contextualizada de los conocimientos de Qu mica y Biolog a, el fortalecimiento de competencias pedag gicas y el compromiso social de los futuros docentes.
Palabras clave: Vinculaci n con la sociedad; Formaci n docente; Buenas pr cticas; Qu mica y Biolog a; Sistematizaci n de experiencias.
Community engagement is one of the important components of preparing future teachers as it makes possible the connection between theoretical knowledge and community needs in education. The aim of this study is to systematize the successful practices of community engagement used in training the students of the Experimental Sciences Pedagogy program (majoring in Chemistry and Biology) from 2024 to 2026. The research employed qualitative methods and had a descriptive and interpretative focus. The design of the research was non-experimental and retrospective, and the modality used was documentary. The object of the research was the tutoring experience and activities carried out by 75 students who took 96 hours of community engagement. The materials for the research were collected by the analysis of the students reports, attendance sheets, photos, assessment products, reports on monitoring, and educational institutions documentation. The systematization revealed that success practices included preliminary induction, collaboration on planning, tutoring support throughout the process, feedback, and interaction with the partner organizations. Activities on environmental education, school gardening, recycling, landscaping, and educational spaces improvement were organized as well. The study concludes that the gained experience allowed the appropriate application of Chemistry and Biology knowledge, development of pedagogical skills, and fostering the social responsibility of future teachers.
Keywords: Community engagement; Teacher education; Good practices; Chemistry and Biology; Systematization of experiences.
Sum rio
A vincula o com a sociedade representa um dos componentes fundamentais na forma o de futuros docentes, pois possibilita correlacionar conhecimentos disciplinares e pedag gicos com as necessidades das comunidades educativas. O foco deste estudo foi sistematizar as boas pr ticas de vincula o estabelecidas na forma o de estudantes de Pedagogia das Ci ncias Experimentais - com habilita o em Qu mica e em Biologia correspondentes, no per odo de 2024 a 2026. A pesquisa, de car ter qualitativo, possui uma abordagem descritiva e interpretativa, de delineamento n o experimental e retrospectivo e, documental. A unidade de an lise foi constitu da pela experi ncia de tutoria e pelas atividades realizadas por 75 estudantes universit rios, com 96 horas de vincula o. Para tanto, foram revisados relat rios, registros de frequ ncia, evid ncias fotogr ficas, produtos acad micos, relat rios de acompanhamento e documentos institucionais. A sistematiza o permitiu a identifica o, como boas pr ticas, da indu o inicial, do planejamento coordenado, do acompanhamento tutorial permanente, da retroalimenta o e da articula o com as institui es benefici rias. Tamb m foram estabelecidas atividades vinculadas educa o ambiental, hortas escolares, reutiliza o, recupera o de espa os verdes e adequa es de espa os educativos. Conclude-se que estas experi ncias contribu ram para a aplica o contextualizada dos conhecimentos de Qu mica e Biologia, fortalecimento das compet ncias pedag gicas e comprometimento social dos futuros docentes.
Palavras-chave: Vincula o com a sociedade; Forma o docente; Boas pr ticas; Qu mica e Biologia; Sistematiza o de experi ncias.
Introducci n
La vinculaci n con la sociedad representa una de las funciones sustantivas de la educaci n superior, junto con la docencia y la investigaci n. Mediante esta funci n, las instituciones universitarias establecen relaciones de cooperaci n con las comunidades y contribuyen a la atenci n de necesidades sociales y educativas.
Al mismo tiempo, los estudiantes tienen la oportunidad de aplicar los conocimientos adquiridos durante su formaci n en contextos reales, fortalecer sus competencias profesionales y comprender la responsabilidad social asociada con el ejercicio de su futura profesi n.
Dentro de las carreras que apuestan por la formaci n docente, la vinculaci n tiene un papel muy destacado, puesto que hace posible acceder a afrontar situaciones que viven las instituciones educativas, al tiempo que se logra construir experiencias pedag gicas situadas.
Si hablamos de la carrera de Pedagog a de las Ciencias Experimentales de la Qu mica y la Biolog a, estas actividades permiten realizar un acercamiento a integrar los saberes cient ficos, did cticos y ambientales a partir de la realizaci n de acciones dirigidas a dar respuesta a las necesidades m s expl citas de las comunidades beneficiarias.
El proyecto Matem ticas y Ciencias Activas e Inclusivas fue trabajo colaborativo que implic distintas reas y/o conocimientos que se brindan en la Facultad de Filosof a. Sin embargo, el presente art culo se ci e nicamente a las actividades desarrolladas por parte de la l nea de investigaci n en las materias Qu mica y Biolog a, y durante la ejecuci n de actividades de vinculaci n durante el periodo 2024-2026. Estas actividades incluyeron la educaci n ambiental, la aplicaci n de los huertos escolares, la reutilizaci n de materiales, la recuperaci n de reas verdes y la adecuaci n de espacios educativos.
La experiencia tambi n fue seguida por procesos de inducci n, planificaci n, acompa amiento tutorial, seguimiento, retroalimentaci n, revisi n de evidencias y coordinaci n con las instituciones participantes. Estas actividades permitieron orientar el trabajo de 75 estudiantes que cumplieron 96 horas de vinculaci n y, a trav s de la ejecuci n de actividades, tambi n generaron evidencias de su participaci n.
Por tanto, el an lisis no es simplemente una descripci n de las actividades ejecutadas, sino una b squeda por comprender las pr cticas que favorecieron su organizaci n, su continuidad y la formaci n que propiciaron una lectura m s cr tica de la acci n de vinculaci n social.
De esta forma, la sistematizaci n de experiencias se convierte en una alternativa metodol gica adecuada para reconstruir el proceso, interpretar los aprendizajes producidos e identificar las pr cticas que pueden ser transferidas a otras iniciativas universitarias. A fin de justificar el objeto de estudio que se propone se organiza la introducci n en seis subtemas: vinculaci n con la sociedad en la educaci n superior; vinculaci n universitaria y formaci n docente; aprendizaje-servicio; educaci n ambiental desde la ense anza de Qu mica y Biolog a; acompa amiento tutorial y buenas pr cticas; y sistematizaci n de experiencias.
Vinculaci n con la sociedad en la educaci n superior
La vinculaci n con la sociedad es una de las funciones sustantivas, que buscan establecer, por medio de procesos de cooperaci n, la relaci n entre las instituciones universitarias y su entorno. Estas relaciones no son meras prestaciones de servicios, sino procesos construidos y planificados en donde se articulan los conocimientos acad micos, la investigaci n y las capacidades institucionales con las necesidades de las comunidades. Estas interacciones permiten que la universidad muestre la manera de participar en la b squeda de soluciones adecuadas para problemas educativos, sociales y medioambientales que la rodean.
A nivel internacional, la educaci n, en sentido amplio, se encuentra condicionada por el compromiso comunitario y la responsabilidad social. Estos componentes constituyen, junto con la docencia y la investigaci n, algunas de sus funciones sustantivas. Adem s, permiten desarrollar acciones orientadas a fomentar la inclusi n, el aprendizaje continuo y el desarrollo sostenible.
En este contexto, la comunidad internacional recomienda incorporar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la acci n clim tica en las actividades de ense anza, investigaci n y vinculaci n comunitaria. Para ello, es necesaria la participaci n de docentes, investigadores, estudiantes y dem s actores de la sociedad (Negi, Dichaba & van der Nest, 2025).
Los modelos de vinculaci n que son contempor neos vinculan la formaci n profesional, la investigaci n y el v nculo con los sectores educativo, social y productivo. Esta vinculaci n propicia el trabajo interdisciplinario, la innovaci n y la transferencia de conocimientos, pero tambi n obliga a que los proyectos tengan car cter pertinente, o lo que es lo mismo, exigencia de dar respuesta de manera efectiva a las demandas del contexto.
Al respecto, Moncada-P rez et al. (2025) sostienen que la pertinencia de la vinculaci n depende de la relaci n entre los objetivos institucionales, la formaci n acad mica y las necesidades sociales que exige el contexto. Por lo tanto, no es suficiente con ejecutar actividades, hay que planificar, acompa ar y evaluar la forma en que contribuyen tanto a la comunidad como a la formaci n de los estudiantes.
En Ecuador, el Reglamento de R gimen Acad mico expresa que la docencia, la investigaci n y la vinculaci n con la sociedad constituyen las funciones sustantivas de las instituciones de educaci n superior. Por otra parte, tiene por objetivo decidir c mo articular estas funciones dentro de un marco de calidad, innovaci n, sostenibilidad y mejoramiento continuo.
La normativa tambi n hace referencia a la necesidad de proporcionar una formaci n pertinente y a la necesidad de una contribuci n para construir una cultura ecol gica que garantice la conservaci n, protecci n y uso responsable de los recursos naturales (Consejo de Educaci n Superior [CES], 2023).
Educaci n ambiental desde la ense anza de Qu mica y Biolog a
La educaci n ambiental es un proceso educativo tendente al desarrollo de conocimientos, valores, actitudes y capacidades para entender los problemas ambientales y actuar en la atenci n de los mismos. Su finalidad no nicamente se concentra en la transmisi n de informaci n sobre la contaminaci n, el cambio clim tico o la p rdida de la biodiversidad sino que intenta provocar decisiones responsables y el comportamiento individual y colectivo a favor del ambiente.
Por lo tanto, la educaci n para el desarrollo sostenible refuerza la habilidad de los ciudadanos y ciudadanas de actuar integradamente su educaci n relacionada con los problemas sociales, econ micos y ecol gicos que aportan sus respectivos entornos, seg n la UNESCO (2026).
Mu oz-Galv n y Padilla (2024) consideran que la ense anza de la sostenibilidad en Qu mica y Biolog a requiere conocer la pedagog a que permita seleccionar contenidos, estrategias, representaciones, y formas de evaluaci n adecuadas.
Su estudio recoge temas que pueden ser comunes a ambas materias, como el equilibrio ecol gico, los recursos naturales, la biodiversidad, los ecosistemas, la energ a, el cambio clim tico y la contaminaci n. Por ello, la formaci n inicial debe preparar al futuro profesorado para abordar estos temas de manera cient fica y relacionarlos con situaciones cercanas al estudiantado.
Los huertos escolares pueden ser un recurso especialmente adecuado para articular la ense anza de Qu mica y Biolog a. Pueden ser utilizados como un espacio de aprendizaje pr ctico para poder abordar cuestiones como la germinaci n, la fotos ntesis, las relaciones entre organismos, los nutrientes, el pH y la composici n de los suelos, el uso del agua y la descomposici n de la materia org nica.
Corbacho-Cuello y Mu oz-Losa (2025) encontraron que la formaci n pr ctica relacionada con huertos escolares aument el conocimiento y la confianza del futuro profesorado para utilizar este recurso, adem s de favorecer el aprendizaje experiencial, la conciencia medioambiental y el desarrollo de capacidades interdisciplinarias.
La reutilizaci n de materiales es otra opci n para engarzar la educaci n ambiental en las pr cticas de vinculaci n. Esta, adem s de permitir reducir la cantidad de residuos en un momento dado, permite dar cuenta de la composici n de los distintos materiales, de sus propiedades y de su ciclo de vida. No obstante, debe evitarse presentar la reutilizaci n como una soluci n suficiente frente a la problem tica ambiental. Su tratamiento educativo debe abarcar tambi n reducir el propio consumo, separar, reciclar, hablar del fin de vida del producto y de la corresponsabilidad entre ciudadanos, instituciones y sectores productivos.
Durante las pr cticas de vinculaci n desarrolladas entre 2024 y 2026, se realizaron actividades relacionadas con la implementaci n de huertos escolares, la recuperaci n de espacios verdes, la reutilizaci n de materiales y la adecuaci n de espacios educativos. Estas acciones permitieron relacionar la formaci n disciplinar con las necesidades concretas de las instituciones beneficiarias. A partir de estas experiencias, los estudiantes de grado aplicaron conocimientos cient ficos, organizaron las intervenciones y adaptaron sus explicaciones a las caracter sticas de cada contexto. Asimismo, las pr cticas favorecieron el reconocimiento de la educaci n ambiental como un componente transversal de su formaci n y de su futuro ejercicio docente.
No obstante, a consecuencia de que el modo de investigaci n sea de tipo documental se tendr que interpretar el resultado de la investigaci n, a partir de la forma en que nos vamos nutriendo con los informes, registros, productos acad micos, fotograf as, entre otros.
As , no se puede asegurar que las actividades modifiquen de manera concreta las actitudes ambientales de los participantes, tal como se puede sostener si se cumplen los instrumentos para ello. La sistematizaci n permite hacer un camino por las pr cticas realizadas, la forma en que se articulan con la qu mica y la Biolog a, los aprendizajes que se recogieron y las caracter sticas organizativas que las promovieron.
Por consecuencia, la educaci n ambiental que se desarroll desde la Qu mica y la Biolog a cobra mayor potencia en la medida en que conjuga fundamentos cient ficos, experiencias pr cticas, reflexi n y compromiso social. Se logra la continuidad y el sentido formativo de dicha educaci n ambiental en la medida en que se cuenta con un acompa amiento pedag gico.
Consiste en seguimiento y la retroalimentaci n en las distintas etapas de la sistematizaci n de la educaci n ambiental. Esa necesidad nos lleva al an lisis del acompa amiento tutorial y de las buenas pr cticas de vinculaci n, con el que se encuentra este subtema.
Acompa amiento tutorial y buenas pr cticas de vinculaci n
La asistencia tutorial es un elemento esencial en los proyectos de vinculaci n universitaria pues sirve de orientaci n al alumnado y facilita el progreso de la vinculaci n entre los objetivos formativos, las actividades realizadas y las necesidades de las instituciones de las que es beneficiario.
La actividad de tutor a va m s all de la comprobaci n de la hora de presencia o de la recepci n del informe final; abarca la orientaci n en el estudio, la planificaci n del trabajo, el seguimiento de las intervenciones, la vuelta de la informaci n y la mediaci n entre la universidad, el alumnado y los agentes de la comunidad.
La asistencia tutorial se inicia, antes de la intervenci n concreta, con una fase de inducci n. Durante esta etapa, se socializan los objetivos del proyecto, las actividades que deben realizar los diferentes participantes, los procedimientos institucionales, los productos esperados y los criterios empleados para evaluar y documentar el trabajo realizado.
Al mismo tiempo, la explicaci n de las caracter sticas de los organismos de que se beneficia del trabajo realizado por los estudiantes es importante, as como las normas que van a marcar el desarrollo de su trabajo. Una inducci n controlada y con objetivos claros garantizar que no se improvise el trabajo y har que la vinculaci n institucional se entienda como una experiencia formativa y no meramente como una necesidad administrativa.
La programaci n concertada constituye otra buena pr ctica tutorial. Las actividades deben dar respuesta a necesidades previamente detectadas, corresponder al perfil profesional que persigue la carrera y estar expresadas con objetivos, responsables, recursos y tiempo.
En el rea de Qu mica y Biolog a, se da lugar a esa programaci n cuando se expresa la relaci n entre las acciones ambientales y los aprendizajes disciplinares y pedag gicos. Por lo que pone sentido educativo y cient fico a la puesta en marcha de un huerto, a la recuperaci n de una zona verde o, incluso, a la reutilizaci n de materiales.
El tutor tiene que animar la participaci n activa de los estudiantes en la toma de decisiones. Acompa ar no significa tener control sobre cada acci n, ni dar respuestas inmediatas ante todas las dificultades, sino formular orientaciones que logran ayudar a hacer el an lisis de los problemas y seleccionar alternativas adecuadas.
R neid et al. (2026) encontraron que la retroalimentaci n de los formadores universitarios contribuye a la reflexi n cuando sta incluye preguntas abiertas, mientras que el acompa amiento hecho desde los espacios de la pr ctica otorga saberes espec ficos acerca del contexto, de la organizaci n y de las caracter sticas de los participantes. Dichos saberes complementarios enriquecen la calidad de la programaci n.
Durante la ejecuci n de las actividades, el seguimiento continuo permite identificar avances, dificultades y necesidades de ajustes. El seguimiento se puede llevar a cabo mediante reuniones, visitas t cnicas, comunicaci n con las instituciones, revisi n de registros, observaci n de productos realizados etc.
Su finalidad es verificar que las acciones coincidan con los objetivos y ayudar oportunamente si hubiera situaciones imprevistas. Por lo tanto, el seguimiento no debe entenderse como control, sino como una oportunidad para guiarlos y mejorar la actuaci n del alumnado.
La calidad que tambi n agrega a la experiencia formativa es la relaci n tutorial. El respeto, la predisposici n para escuchar y el inter s que se muestra por el trabajo de las personas de la actividad plantean condiciones favorables que pueden hacer que se manifiesten exteriormente dudas, se planteen dificultades y se solicite ayuda.
Dreer-Goethe et al. (2025) han podido comprobar que el apoyo del mentor y las interacciones de la relaci n tutorial caracterizadas por el respeto y la atenci n favorecen el bienestar y la identificaci n profesional de los docentes en formaci n.
Las interacciones de escasa duraci n pueden significar mucho si se presentan como intercambio de reconocimiento y apoyo reales.
La retroalimentaci n es una de las principales herramientas para la transformaci n de la actividad pr ctica en aprendizaje. Para que esta retroalimentaci n sea formativa ha de ser oportuna, espec fica, comprensible y orientada hacia el desarrollo.
No es suficiente que se le indique que una evidencia es correcta o incorrecta, sino que tambi n es necesario que se explique qu aspectos cumplen los criterios establecidos, cu les tienen que ser revisados y cu les pueden ser perfeccionados. La revisi n sistem tica realizada por Okumu et al. (2025) deja entrever que la retroalimentaci n de la formaci n inicial de docentes es m s significativa si esta es dialogal, reflexiva y contextualizada.
Los registros y las evidencias tienen una funci n pedag gica y documental. Los informes de pr ctica, los controles de asistencia, las planificaciones, los productos acad micos, las fotograf as y los reportes de seguimiento permiten retrotraer el proceso, verificar el cumplimiento de las acciones y no s lo analizar los aprendizajes alcanzados, sino tambi n hacer ajustes.
Aun as , la acumulaci n de archivos no se traduce por s misma en calidad de la vinculaci n. Las evidencias tienen que organizarse de acuerdo a criterios previamente establecidos y tienen que demostrar la relaci n entre la necesidad concreta, la actividad que se ha realizado, la participaci n de los estudiantes y los resultados alcanzados.
La coordinaci n con las instituciones de los destinatarios tambi n es otra buena pr ctica. El personal responsable (autoridades, docentes y los representantes de la comunidad) tiene que conocer los objetivos de la intervenci n de la manera m s clara posible y participar en el proceso de definir horarios, espacios, responsables y mecanismos de comunicaci n.
Sin duda esta articulaci n ayuda a prevenir actividades aisladas o poco adecuadas y facilita la continuidad de los productos generados a partir de la intervenci n, as como tambi n permitir incluir la valoraci n de los actores destinatarios y considerarlos como los participantes de un proceso y no como los destinatarios de una acci n universitaria
En la experiencia que se ha llevado a cabo con los estudiantes de Qu mica y Biolog a de 2024 a 2026, el acompa amiento tutorial inclu a la inducci n inicial, planificaci n de actividades y trabajos, coordinando con las instituciones, revisitando las pr cticas, recogiendo evidencia de los trabajos hechos, haciendo seguimiento mediante registro y por ltimo retroalimentaci n de los productos presentados.
Estas acciones orientaron la participaci n de 75 estudiantes universitarios durante el cumplimiento de las 96 horas que se hab a previamente establecido, a la vez que permiti organizar las intervenciones de responsable de educaci n ambiental y de adaptaci n/adecuaci n de espacios educativos.
Sin embargo, el cumplimiento de horas, la presentaci n de informes y la aprobaci n administrativa no deben ser vistas, ya de forma aislada, como pruebas suficientes de impacto educativo o comunitario. Es necesario analizar la pertinencia y la organizaci n, la articulaci n con la pr ctica formativa, la continuidad y la capacidad de generar aprendizajes documentados, para poder considerar adecuadamente una pr ctica.
Una buena pr ctica en este art culo se identificar a partir de la evidencia disponible, evitando atribuir efectos que no hayan sido valorados mediante instrumentos espec ficos. En este sentido, un acompa amiento tutorial de calidad integra la orientaci n acad mica, el respeto hacia los dem s, el seguimiento permanente, la retroalimentaci n formativa, la reflexi n y la coordinaci n institucional. Estas condiciones permiten convertir la participaci n comunitaria en una experiencia de aprendizaje profesional y compromiso social.
La reconstrucci n y la interpretaci n de tales pr cticas implican un procedimiento metodol gico que articule acciones, actores, resultados y aprendizajes, lo que nos concede el subtema que aborda la sistematizaci n de experiencias.
Sistematizaci n de experiencias y delimitaci n del estudio
La sistematizaci n de experiencias implica un proceso de reconstrucci n, organizaci n e interpretaci n cr tica de una pr ctica que se lleva a cabo en un contexto determinado y en un periodo determinado. El objetivo de este proceso no reside en la mera descripci n cronol gica de las actividades realizadas, sino en comprender la manera en que se desarroll la experiencia, los factores que entraron en juego, las relaciones que se establecieron entre los participantes y los principales aprendizajes que resultaron de las mismas. La pr ctica se convierte as en un conocimiento que permite orientar la mejora de posteriores intervenciones.
Jara Holliday (2018) se ala que este m todo se basa en el ordenamiento y la reconstrucci n de la experiencia para identificar su propia l gica, reconocer los factores que intervinieron en ella y producir aprendizajes que orienten las acciones futuras. Esto implica pasar de un registro descriptivo a una lectura interpretativa y reflexiva de la pr ctica.
La experiencia es el punto de partida de este proceso, porque contiene decisiones, acciones, dificultades, logros, cambios y relaciones desarrolladas por diferentes actores. La experiencia no es un conjunto aislado de acontecimientos, sino una pr ctica influida por el contexto institucional, los objetivos planteados, los recursos disponibles y las formas de participaci n. Por esta raz n, la sistematizaci n debe considerar las actividades realizadas y las condiciones que favorecieron o restringieron el desarrollo de la pr ctica.
En el mbito educativo, esta pr ctica permite rescatar conocimientos que han sido producidos a partir de la pr ctica misma y ponerlos en relaci n con las bases te ricas del campo de estudio. La UNESCO (2016) menciona que la sistematizaci n de las experiencias educativas permite rescatar, identificar, documentar y difundir pr cticas que son innovadoras, y tambi n rescatar aprendizajes que pueden nutrir otros procesos del mbito formativo.
La triangulaci n documental permite reforzar la robustez de la interpretaci n hallada. sta se refiere a cotejar informaci n de los diferentes registros para encontrar coincidencias, complementar datos o incluso detectar vac os. Por ejemplo, si en un informe se menciona una actividad, se la puede contrastar con el registro de asistencia, la planificaci n, las fotograf as y el producto. Este procedimiento permite sustentar un hallazgo a partir de m s de una evidencia y disminuir el riesgo de deducir conclusiones a partir de documentos en soledad.
Una vez que ha sido reconstruida la experiencia, se procede a la posible interpretaci n a partir de categor as de an lisis. En este estudio esas categor as son la inducci n inicial, la planificaci n coordinada, el acompa amiento tutorial continuo, la retroalimentaci n, la articulaci n con las instituciones destinatarias y la relaci n entre las actividades realizadas y la formaci n en Qu mica y Biolog a. Estas categor as facilitan la identificaci n de las pr cticas que se han ido repitiendo, el an lisis del rol que cada una tiene en el proceso y, a su vez, los aprendizajes que pueden derivarse de la realizaci n de las mismas.
La identificaci n de buenas pr cticas implica criterios definidos para ello. No toda actividad que se documente puede ser considerada buena pr ctica por el mero hecho de que haya sido llevada a cabo o por haber sido aceptada a nivel institucional.
Una buena pr ctica debe mostrar resultados, responder a necesidades concretas, incorporar aprendizajes y poseer posibilidades de ser transferible a otros contextos (Kolshus et al, 2013). Por eso, en esta investigaci n se analizan mbitos tales como la pertinencia, la organizaci n, la participaci n, el acompa amiento, la relaci n con el perfil profesional y la existencia de evidencias que respaldan la pr ctica analizada.
La posibilidad de transferibilidad no implica que las acciones puedan replicarse de manera identitario en cualquier contexto. Cada instituci n presenta particularidades, necesidades y recursos distintos, as como participantes diversos. Por lo cual, los aprendizajes que se obtienen han de entenderse como orientaciones susceptibles de modificarse y no como un modelo a seguir al pie de la letra.
La puesta en marcha de huertos escolares, la recuperaci n de zonas verdes y la reutilizaci n de materiales requieren considerar las condiciones medioambientales, la infraestructura disponible, el tiempo destinado a las actividades y el compromiso de la comunidad educativa. Estos factores son esenciales para garantizar la continuidad y sostenibilidad de las acciones planteadas.
La sistematizaci n tambi n debe recuperar las dificultades, las tensiones y los aspectos que se pueden mejorar. Limitar el proceso de an lisis a los logros supondr a ofrecer una visi n parcial e incompleta del proceso y disminuir a el potencial formativo del proceso.
Las dificultades de coordinaci n, las diferencias entre la planificaci n y la ejecuci n de la misma, el d ficit de la presentaci n de determinadas evidencias o la falta de continuidad de algunas actividades pueden ofrecer aprendizajes importantes. La mirada cr tica sobre el proceso de sistematizaci n permitir comprender por qu aparecieron estas situaciones y ofrecer sugerencias de mejora para nuevas iniciativas.
La sistematizaci n, en este sentido, no pretende evaluar a los alumnos de manera individual ni medir experimentalmente el impacto que haya podido tener la actividad. Su inter s radica en reconstruir la experiencia de tutor a y en identificar las pr cticas que le dieron forma y la hicieron posible.
Las conclusiones, debido a que es un dise o documentado y retrospectivo, han de limitarse a aquellos puntos delimitados por los archivos consultados, motivo por el que no se deben establecer relaciones causales y por el que no puede hacerse una generalizaci n de los resultados a todos los programas universitarios que imparten docencia en vinculaci n.
Delimitaci n del estudio
La investigaci n se limita a la experiencia de vinculaci n que se ejecut en el rea de Pedagog a de las Ciencias Experimentales de la Qu mica y de la Biolog a como parte del proyecto de "Matem ticas y Ciencias Activas e Inclusivas" en el periodo 2024 2026; si bien el proyecto contemplaba otros mbitos acad micos, el an lisis se restringe a las acciones que est n vinculadas directamente a la formaci n de futuros profesores de Qu mica y Biolog a.
La unidad de an lisis radica en la experiencia tutorial y en las actividades desarrolladas por 75 de los estudiantes universitarios involucrados en la experiencia de vinculaci n en los t rminos de 96 horas de vinculaci n; para ello, se consideran la inducci n, la planificaci n, el acompa amiento, el seguimiento, la retroalimentaci n y la coordinaci n con las instituciones beneficiarias; as mismo, se incluyen acciones de educaci n ambiental, implementaci n de huertos escolares, la reutilizaci n de materiales, la recuperaci n de reas verdes y la adecuaci n de los espacios educativos.
El estudio se articula con un enfoque cualitativo, de alcance descriptivo e interpretativo, con un dise o no experimental, retrospectivo y documentario. De este modo, los resultados pueden considerarse una interpretaci n contextualizada de las evidencias institucionales disponibles y no la medici n cuantitativa del impacto generado en las comunidades. Esta delimitaci n permite ajustar el objetivo, las fuentes documentales y las conclusiones que pueden extraerse del an lisis.
Problema, justificaci n y objetivo
Aunque se realizaron numerosas actividades diversas durante el periodo de estudio, la informaci n se encontraba muy dispersa en: informes, registros, fotograf as, productos acad micos y documentos del seguimiento. Esta dispersi n dificultaba la reconstrucci n de la experiencia en su conjunto, el reconocimiento de las pr cticas que facilitaron su evoluci n y la recuperaci n de los aprendizajes adquiridos.
Es por ello que se consider necesario y preciso organizar, interpretar las evidencias recogidas en forma de buena pr ctica, y posteriormente dar respuesta a la pregunta: Cu les fueron las buenas pr cticas de vinculaci n que se desenvolvieron en la formaci n de los estudiantes de Pedagog a de las Ciencias Experimentales de la Qu mica y las Ciencias de la Biolog a durante el periodo 2024-2026?
La investigaci n se justifica porque permite conservar la memoria acad mica del proceso, reconocer los aportes formativos de las actividades socioeducativas y formular orientaciones para mejorar futuras intervenciones.
Adem s, contribuye a fortalecer la relaci n entre la formaci n cient fica y pedag gica y el compromiso social y ambiental de los futuros docentes. Los aprendizajes recuperados pueden constituirse en referentes para otros proyectos universitarios, siempre que se adapten a sus contextos y necesidades particulares. En correspondencia con esta problem tica, el objetivo del estudio fue sistematizar las buenas pr cticas de vinculaci n desarrolladas durante la formaci n de los estudiantes.
M todos y Recursos
La investigaci n fue realizada desde un enfoque cualitativo, pues se orient a reconstruir, organizar e interpretar las buenas pr cticas llevadas adelante durante una experiencia universitaria de vinculaci n. Esto les permiti reflexionar sobre las actividades efectuadas, las formas de acompa amiento tutorial, la participaci n del alumnado y la vinculaci n que se estableci entre la formaci n de los futuros licenciados y las necesidades de las instituciones beneficiarias que fueron atendidas.
El estudio tuvo un alcance descriptivo e interpretativo. Fue descriptivo porque permiti caracterizar las etapas de la pr ctica, los participantes de la misma, las actividades, los recursos generados y las evidencias que dan cuenta de este proceso de vinculaci n. Es de car cter interpretativo porque consiste en entender el sentido formativo de las pr cticas identificadas, las condiciones de posibilidad que favorecieron su desarrollo, as como los aprendizajes que se derivaban de esta experiencia.
La investigaci n fue realizada desde un enfoque cualitativo, pues se orient a reconstruir, organizar e interpretar las buenas pr cticas llevadas adelante durante una experiencia universitaria de vinculaci n. Esto les permiti reflexionar sobre las actividades efectuadas, las formas de acompa amiento tutorial, la participaci n del alumnado y la vinculaci n que se estableci entre la formaci n de los futuros licenciados y las necesidades de las instituciones beneficiarias que fueron atendidas.
El estudio tuvo un alcance descriptivo e interpretativo. Fue descriptivo porque permiti caracterizar las etapas de la pr ctica, los participantes de la misma, las actividades, los recursos generados y las evidencias que dan cuenta de este proceso de vinculaci n.
A su vez, adopt un car cter interpretativo porque busc entender el sentido formativo de las pr cticas identificadas, las condiciones de posibilidades que favorecieron su desarrollo, as como los aprendizajes que se derivaban de esta experiencia.
La investigaci n fue realizada mediante un dise o no experimental, retrospectivo y de corte longitudinal documental. Fue no experimental porque el estudio no manipul variables ni modific las condiciones en las que se desarrollaron las actividades.
Esta experiencia fue analizada considerando aquella registrada en los documentos institucionales, los informes de pr cticas, las planificaciones de actividades, las fotograf as de otras situaciones y los productos elaborados como resultado de la participaci n en la pr ctica.
La modalidad fue la documental, dado que las principales fuentes de informaci n estaban constituidas por archivos institucionales producidos durante el proyecto. Estos documentos permitieron reconstruir las actividades llevadas a cabo por los estudiantes para contrastar las diferentes fuentes de informaci n que proced an de distintos tipos de registros. La revisi n documental permiti identificar coincidencias, complementar evidencias y reconocer eventuales vac os en la documentaci n de la experiencia.
An lisis y resultados
La investigaci n se desarroll en el marco del proyecto de vinculaci n Matem ticas y Ciencias Activas e Inclusivas , y en el rea de la carrera espec fica de Pedagog a de las Ciencias Experimentales de la Qu mica y de la Biolog a. La experiencia se desarrolla en un conjunto de actividades que son las llevadas a cabo en las instituciones educativas beneficiarias, las que constituyen una serie de acciones que permitieron la educaci n ambiental, la puesta en pr ctica de la ciencia y la adecuaci n de espacios para la educaci n.
Participan 75 estudiantes universitarios de la carrera, quienes cumplieron 96 horas de vinculaci n mediante actividades de planificaci n, intervenci n, seguimiento y evidencias. La participaci n de los estudiantados se desarrolla en el marco del acompa amiento tutorial y la coordinaci n existente entre la universidad y las instituciones beneficiarias, a partir de la implementaci n de huertos escolares, la recuperaci n de reas verdes, la reutilizaci n de materiales y la adecuaci n de espacios para el aprendizaje.
En este sentido, los estudiantes no fueron considerados sujetos participantes de una intervenci n experimental, sino sujetos que son actores de la experiencia que fue posteriormente reconstruida a partir de sus registros y sus productos acad micos; por ello, no se levant un muestreo probabil stico. Se recab el conjunto de evidencias disponibles que correspond a a los estudiantes vinculados con el rea de Qu mica y Biolog a durante el periodo de tiempo existente.
Las instituciones beneficiarias constituyeron los escenarios en los que se desarrollaron las actividades, que est n caracterizadas por sus necesidades, condiciones f sicas y caracter sticas organizativas que orientaron la planificaci n de las intervenciones. La investigaci n no estaba impulsada por la necesidad de comprobar emp ricamente a cada una de ellas, sino m s bien por el an lisis de las pr cticas de vinculaci n documentadas durante el proceso formativo de los estudiantes universitarios.
Unidad de an lisis y criterios de selecci n documental
La unidad de an lisis estuvo conformada por las buenas pr cticas de vinculaci n que se desarrollaron en el proceso formativo de los estudiantes. En concreto, se analizaron las pr cticas relacionadas con la inducci n, la planificaci n, el acompa amiento tutorial, la ejecuci n de actividades, el seguimiento, la retroalimentaci n, la coordinaci n institucional y la presentaci n de evidencias.
La selecci n documental fue realizada a trav s de un muestreo intencional por criterios. Se seleccionaron los documentos que permit an reconstruir las distintas etapas de la experiencia y la relaci n entre las actividades realizadas, la formaci n profesional y las necesidades atendidas. La selecci n no se bas s lo en la cantidad de archivos disponibles en la instituci n, sino que esta disponibilidad se complement con la pertinencia, la claridad, la correspondencia temporal y el aporte al objetivo que marc la investigaci n.
Criterios de inclusi n
Se incorporaron los documentos que cumpl an las siguientes condiciones:
Haber sido elaborados o recopilados durante el periodo 2024 2026.
Pertenecer al rea de Qu mica y Biolog a del proyecto de vinculaci n.
Contener informaci n sobre las actividades realizadas por los 75 estudiantes.
Permitir identificar participantes, prop sitos, procedimientos, productos o resultados.
Presentar evidencias relacionadas con el acompa amiento tutorial o la coordinaci n institucional.
Contribuir a reconstruir las acciones ambientales y educativas desarrolladas.
Contar con informaci n legible y suficiente para su an lisis.
Criterios de exclusi n
Se excluyeron los documentos:
Correspondientes a otras reas acad micas del proyecto.
Elaborados fuera del periodo delimitado.
Duplicados o carentes de informaci n relevante para el objetivo del estudio.
Sin datos que permitieran establecer su procedencia o relaci n con la experiencia.
Que presentar n nicamente informaci n administrativa, sin aportar a la reconstrucci n de las pr cticas.
Cuyo contenido fuera incompleto, ilegible o imposible de contrastar con otras evidencias.
Estos criterios permitieron delimitar el corpus documental que era adecuado para el objeto de estudio, sin permitir la entrada de informaci n suelta que podr a haber dado pie a interpretaciones poco fundamentadas. La revisi n ineludible de las distintas fuentes implic reconocer coincidencias, complementar datos y establecer aquellos que se encontraban suficientemente documentados.
Para la evaluaci n e interpretaci n de la informaci n se utilizaron los m todos hist rico-l gico, anal tico-sint tico e inductivo-interpretativo, complementados con la revisi n documental y la sistematizaci n de experiencias. El m todo hist rico-l gico no solo permiti reconstruir cronol gicamente el proceso de vinculaci n desarrollado entre 2024 y 2026, sino tambi n identificar sus etapas: inducci n, planificaci n, ejecuci n, acompa amiento, retroalimentaci n y cierre.
Asimismo, facilit la comprensi n de las relaciones existentes entre estas fases, evitando interpretar las actividades como acciones independientes y permitiendo reconocer la continuidad y la l gica interna de la experiencia.
El m todo anal tico-sint tico fue aplicado para dividir la informaci n documental en todas las categor as previstas y luego se fusion en una interpretaci n general. En la fase anal tica, se procedi a analizar de forma separada los registros, informes, planificaciones, productos acad micos y evidencias fotogr ficas. En la fase de s ntesis se puso en relaci n las conclusiones, y se trabaj en la b squeda de las pr cticas repetibles, los aprendizajes evidentes, las dificultades y los elementos a optimizar.
El m todo inductivo-interpretativo dio como resultado que los hallazgos fueran producidos desde las evidencias particulares que ofrec an los documentos. No se generaron las pr cticas como resultado previamente propuesto, sino que tal pa s emergi del examen y contraste de las acciones que se fueron registrando. Y luego, esas pr cticas se interpretaron desde la base de la vinculaci n universitaria, el aprendizaje-servicio, la formaci n docente o la educaci n ambiental.
La revisi n documental fue el m todo base para la b squeda, recuperaci n, selecci n, clasificaci n y examen de las fuentes institucionales. Su aplicaci n permiti llegar a recoger informaci n de los participantes, las actividades desarrolladas, los recursos, el acompa amiento tutorial y los productos generados en la experiencia.
Finalmente, la sistematizaci n de experiencias orient a la reconstrucci n e interpretaci n cr tica de los procesos. Dicha metodolog a permiti ir m s all del relato cronol gico de las actividades, y rescatar los aprendizajes que fueran producidos en la pr ctica. Su aplicaci n respond a a la ordenaci n de informaci n, a la identificaci n de categor as, a la triangulaci n de evidencias y a la producci n de conclusiones que fuesen necesarias para alcanzar el objetivo de la investigaci n.
Recursos y fuentes documentales
La principal fuente de informaci n estuvo constituida por los documentos generados durante la ejecuci n del proyecto. El corpus documental incluy planificaciones e informes de las actividades realizadas, registros de asistencia, fichas de seguimiento, resultados acad micos, evidencias fotogr ficas y documentos institucionales relacionados con la coordinaci n, el cumplimiento y el seguimiento de las horas de vinculaci n de los participantes. Estas fuentes permitieron reconstruir el desarrollo de la experiencia y contrastar las acciones planificadas con las actividades ejecutadas y las evidencias disponibles.
Para organizar la informaci n se utiliz una matriz de an lisis documental en la que se registraban datos como el periodo, el tipo de documento, la actividad realizada, los participantes, la instituci n que se beneficiaba, los recursos utilizados, las evidencias recogidas y la categor a de an lisis correspondiente.
Esta matriz de an lisis documental serv a para comparar documentos, as como para identificar las coincidencias y los vac os existentes en la informaci n recogida. Adem s, se utiliz una ficha de sistematizaci n, destinada a registrar las caracter sticas de cada pr ctica identificada en la investigaci n.
La ficha conten a los siguientes apartados: la necesidad que se atend a, el objetivo de la actividad, el procedimiento seguido, los actores implicados, los productos obtenidos, las dificultades registradas y las reflexiones sobre los aprendizajes que se generar an de la experiencia de la actividad.
Las fotograf as fueron consideradas como recursos complementarios. Se utilizaban para contrastar la ejecuci n de actividades, identificar los espacios en los que las actividades se ejecutaban, as como para contrastar determinados aspectos descriptivos se alados en los informes.
Se evit que las fotograf as pudiesen ser consideradas como evidencias suficientes de aprendizaje o de impacto, en tanto que una imagen muestra la ejecuci n de una acci n pero no permite, por s sola, afirmar los conocimientos o los cambios producidos.
A partir de los listados de asistencia se pod a contrastar la participaci n y el cumplimiento de las sesiones y jornadas planificadas; de los informes y productos acad micos se obten a informaci n referida a la organizaci n, desarrollo y resultados documentados en la pr ctica de educaci n para el desarrollo; la combinaci n de las diferentes fuentes de informaci n permit a realizar una triangulaci n de la informaci n recogida sin atribuir a cada documento un alcance mayor del que metodol gicamente pod a demostrar.
Tabla 1
Correspondencia entre m todos, t cnicas, instrumentos y finalidad de la investigaci n
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M todo o t cnica |
Aplicaci n en el estudio |
Recursos o instrumentos |
Finalidad |
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Hist rico-l gico |
Reconstrucci n ordenada de la experiencia desarrollada entre 2024 y 2026 |
Informes, cronogramas, planificaciones y registros institucionales |
Identificar las etapas, la secuencia y la continuidad del proceso de vinculaci n |
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Anal tico-sint tico |
Descomposici n de la informaci n en categor as y posterior integraci n de los hallazgos |
Matriz de an lisis documental |
Reconocer relaciones entre actividades, acompa amiento, evidencias y aprendizajes |
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Inductivo-interpretativo |
Interpretaci n de pr cticas recurrentes a partir de evidencias particulares |
Fichas de sistematizaci n y notas anal ticas |
Construir hallazgos sustentados en la informaci n documental |
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Revisi n documental |
Localizaci n, selecci n, clasificaci n y examen de las fuentes |
Gu a de revisi n y matriz documental |
Obtener informaci n verificable sobre participantes, acciones, recursos y productos |
|
Sistematizaci n de experiencias |
Reconstrucci n e interpretaci n cr tica de la pr ctica |
Informes, fotograf as, registros, planificaciones y productos acad micos |
Recuperar buenas pr cticas, dificultades y aprendizajes del proceso |
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Triangulaci n documental |
Contraste de una misma actividad mediante diferentes fuentes |
Matriz comparativa de evidencias |
Fortalecer la consistencia de los hallazgos y reconocer vac os documentales |
Nota. Elaboraci n propia a partir del procedimiento metodol gico aplicado en la sistematizaci n de la experiencia de vinculaci n 2024 2026.
La tabla evidencia que los m todos no se aplicaron de manera aislada. El hist rico-l gico permiti ordenar temporalmente la experiencia, mientras que el anal tico-sint tico y el inductivo-interpretativo facilitaron examinar e interpretar su contenido. La revisi n y la triangulaci n documental aportaron el respaldo necesario para identificar las buenas pr cticas sin atribuir a los documentos resultados que no pod an demostrar.
Adem s, la integraci n de las fuentes permiti examinar la correspondencia entre lo planificado, lo ejecutado y lo documentado. Cuando una actividad aparec a registrada en varios documentos, se consideraba que dispon a de mayor respaldo para su interpretaci n; en cambio, si solo figuraba en una fuente, se analizaba con cautela y se evitaban conclusiones definitivas. Este procedimiento ayud a reconocer coincidencias, diferencias y vac os en la informaci n, fortaleciendo la transparencia del an lisis y delimitando con precisi n aquello que pod a afirmarse a partir del corpus documental revisado.
Tabla 2
Fuentes documentales y funci n dentro del proceso de an lisis
|
Fuente documental |
Informaci n recuperada |
Funci n metodol gica |
Limitaci n considerada |
|
Planificaciones |
Objetivos, actividades, responsables, recursos y tiempos |
Comparar lo programado con lo documentado durante la ejecuci n |
No garantizan que todas las acciones previstas hayan sido realizadas |
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Informes de actividades |
Descripci n del proceso, productos y dificultades |
Reconstruir las intervenciones y reconocer aprendizajes reportados |
Pueden reflejar la perspectiva de quien elabor el informe |
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Registros de asistencia |
Participaci n, fechas y jornadas cumplidas |
Verificar presencia y cumplimiento de actividades |
No demuestran la calidad de la participaci n |
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Fichas de seguimiento |
Orientaciones, observaciones y ajustes efectuados |
Analizar el acompa amiento tutorial |
Su profundidad depende de la informaci n registrada |
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Productos acad micos |
Materiales, propuestas y resultados elaborados |
Examinar la aplicaci n de conocimientos cient ficos y pedag gicos |
El producto final no muestra todo el proceso seguido |
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Evidencias fotogr ficas |
Espacios, materiales y actividades ejecutadas |
Contrastar visualmente la realizaci n de las acciones |
No permiten comprobar por s solas aprendizajes o cambios actitudinales |
|
Documentos institucionales |
Lineamientos, responsabilidades y procedimientos |
Contextualizar administrativa y acad micamente la experiencia |
Pueden concentrarse en el cumplimiento formal del proyecto |
Nota. Elaboraci n propia con base en el corpus documental seleccionado.
La comparaci n muestra que cada fuente aport informaci n diferente y present limitaciones particulares. Por esta raz n, ninguna evidencia fue interpretada de manera independiente. Los informes permitieron describir las actividades; las planificaciones mostraron los prop sitos iniciales; los registros comprobaron la participaci n; y las fotograf as ayudaron a verificar la ejecuci n. Su contraste permiti construir una interpretaci n m s s lida de la experiencia.
Asimismo, la secuencia metodol gica permiti mantener una relaci n coherente entre el objetivo de la investigaci n, las categor as de an lisis y las evidencias examinadas. Cada etapa aport informaci n espec fica para reconstruir la experiencia de manera ordenada y comprender las condiciones en las que se desarrollaron las actividades de vinculaci n. De esta forma, la sistematizaci n no se limit a enumerar acciones, sino que facilit una lectura integral del proceso, sustentada en documentos verificables y orientados a recuperar aprendizajes tiles para la planificaci n, el acompa amiento y la mejora de futuras intervenciones universitarias.
Figura 1
Proceso aplicado para la sistematizaci n de la experiencia
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Nota. Elaboraci n propia.
La figura sintetiza el procedimiento metodol gico sin representar resultados. El proceso comenz con la delimitaci n temporal y tem tica de la experiencia; posteriormente, se seleccionaron y organizaron las fuentes documentales. Despu s se clasific la informaci n mediante categor as, se contrastaron las evidencias y se identificaron las pr cticas suficientemente respaldadas. Finalmente, se interpretaron los aprendizajes, las dificultades y las oportunidades de mejora.
Tabla 3
Categor as utilizadas para el an lisis documental
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Categor a |
Aspectos examinados |
Evidencias consideradas |
|
Inducci n inicial |
Socializaci n de objetivos, responsabilidades y productos esperados |
Cronogramas, orientaciones, registros e informes |
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Planificaci n coordinada |
Necesidades, objetivos, actividades, responsables, recursos y tiempos |
Planificaciones y documentos de coordinaci n |
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Acompa amiento tutorial |
Orientaci n, visitas, comunicaci n y resoluci n de dificultades |
Fichas de seguimiento, informes y registros |
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Retroalimentaci n formativa |
Observaciones, correcciones y recomendaciones de mejora |
Productos acad micos, fichas e informes |
|
Articulaci n institucional |
Coordinaci n con autoridades, docentes y beneficiarios |
Documentos institucionales y reportes |
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Educaci n ambiental |
Huertos, reutilizaci n de materiales, reas verdes y adecuaci n de espacios |
Informes, productos y fotograf as |
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Aprendizaje profesional |
Aplicaci n de conocimientos cient ficos, pedag gicos y organizativos |
Productos acad micos e informes reflexivos |
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Dificultades y mejoras |
Limitaciones, ajustes, vac os documentales y continuidad |
Informes, fichas de seguimiento y notas anal ticas |
Nota. Elaboraci n propia a partir del objetivo y de los fundamentos te ricos del estudio.
Estas categor as orientaron la revisi n de manera uniforme y permitieron relacionar las evidencias con el objetivo de la investigaci n. La categorizaci n tambi n ayud a diferenciar el cumplimiento administrativo de las pr cticas que mostraron pertinencia formativa, acompa amiento, articulaci n institucional y respaldo documental.
Discusi n
Los resultados de la sistematizaci n muestran que las buenas pr cticas de vinculaci n desarrolladas entre 2024 y 2026 no dependieron nicamente de las actividades ambientales ejecutadas, sino de la articulaci n entre planificaci n, acompa amiento tutorial, participaci n estudiantil, coordinaci n institucional y organizaci n de las evidencias. Esta relaci n permiti que las intervenciones se vincularan con la formaci n cient fica y pedag gica de los estudiantes de Pedagog a de las Ciencias Experimentales de la Qu mica y la Biolog a. Por tanto, el valor formativo de la experiencia se encuentra tanto en los productos obtenidos como en el proceso mediante el cual fueron planificados, desarrollados y evaluados.
La inducci n inicial y la planificaci n coordinada se identificaron como pr cticas necesarias para orientar la participaci n de los estudiantes. La socializaci n de objetivos, responsabilidades, procedimientos y productos esperados contribuy a delimitar las acciones y reducir la improvisaci n. Este hallazgo coincide con Jara Holliday (2018), quien sostiene que la sistematizaci n debe recuperar la l gica interna de una experiencia, considerando las decisiones, las etapas y las relaciones establecidas entre sus actores. Desde esta perspectiva, la planificaci n no constituy solamente un requisito previo, sino una condici n para vincular las necesidades de las instituciones beneficiarias con los prop sitos acad micos del proyecto.
El acompa amiento tutorial tuvo un papel transversal en las diferentes etapas de la experiencia. Las orientaciones iniciales, la revisi n de planificaciones, las visitas t cnicas, el seguimiento de las actividades y la retroalimentaci n de los productos permitieron atender dificultades y mantener la correspondencia entre lo planificado y lo ejecutado. Este resultado guarda relaci n con lo se alado por R neid et al. (2026), quienes destacan que la retroalimentaci n favorece la reflexi n de los docentes en formaci n cuando incorpora orientaciones contextualizadas y preguntas que los ayudan a revisar sus decisiones. En consecuencia, la tutor a adquiere mayor sentido cuando promueve autonom a, an lisis y capacidad para resolver problemas.
La calidad del acompa amiento tambi n estuvo vinculada con la comunicaci n establecida entre tutores, estudiantes e instituciones beneficiarias. La disposici n para escuchar, orientar y efectuar ajustes facilit la continuidad de las actividades y la resoluci n de situaciones surgidas durante su ejecuci n. Dreer-Goethe et al. (2025) sostienen que el apoyo del mentor y las relaciones caracterizadas por el respeto favorecen el bienestar y la identificaci n profesional de los futuros docentes. En la experiencia analizada, esta dimensi n relacional permiti comprender el acompa amiento como un proceso pedag gico y humano, y no exclusivamente como una forma de control administrativo.
La retroalimentaci n formativa constituy otro hallazgo relevante. Las observaciones efectuadas sobre planificaciones, evidencias y productos acad micos ayudaron a identificar aspectos que requer an correcci n o ampliaci n. Esto coincide con Okumu et al. (2025), quienes se alan que la retroalimentaci n en la formaci n inicial docente resulta m s valiosa cuando es dial gica, reflexiva y ajustada al contexto. Sin embargo, para fortalecer esta pr ctica resulta conveniente establecer criterios comunes de revisi n, conservar registros de las orientaciones ofrecidas y comprobar c mo fueron incorporadas las recomendaciones en las versiones posteriores de los productos.
Las actividades relacionadas con huertos escolares, recuperaci n de reas verdes, reutilizaci n de materiales y adecuaci n de espacios educativos permitieron relacionar los conocimientos de Qu mica y Biolog a con situaciones concretas. Su pertinencia radic en que abordaron necesidades ambientales visibles y ofrecieron oportunidades para aplicar conocimientos cient ficos mediante acciones comunitarias. Los resultados son coherentes con el estudio de Corbacho-Cuello y Mu oz-Losa (2025), quienes reconocen que la participaci n de futuros docentes en actividades pr cticas relacionadas con huertos puede fortalecer sus conocimientos y su seguridad para integrar estos recursos en la ense anza.
Asimismo, las acciones ambientales evidenciaron que la sostenibilidad puede abordarse como un componente transversal de la formaci n docente. Mu oz-Galv n y Padilla (2024) destacan la importancia de articular el conocimiento disciplinar con el conocimiento pedag gico para ense ar contenidos asociados con la sostenibilidad. En este sentido, las intervenciones sistematizadas no se limitaron al mejoramiento f sico de los espacios, pues tambi n requirieron explicar procesos cient ficos, seleccionar recursos, organizar a los participantes y adaptar las actividades a las caracter sticas de las instituciones educativas.
Esta articulaci n coincide con el planteamiento de la UNESCO (2026), seg n el cual la educaci n para el desarrollo sostenible debe contribuir a que los estudiantes comprendan los problemas ambientales y participen responsablemente en su transformaci n. No obstante, las evidencias revisadas permiten afirmar principalmente que las acciones fueron realizadas y que estuvieron relacionadas con la formaci n profesional. No permiten demostrar, por s solas, cambios permanentes en las actitudes ambientales de los participantes ni establecer el impacto de las intervenciones en las comunidades beneficiarias. Para comprobar esos efectos ser a necesario incorporar instrumentos de evaluaci n antes, durante y despu s de las actividades.
La coordinaci n con las instituciones beneficiarias tambi n influy en la pertinencia de las intervenciones. La definici n conjunta de horarios, espacios, responsabilidades y necesidades permiti adaptar las acciones a las condiciones existentes. Esta participaci n resulta importante porque evita que la comunidad sea considerada nicamente receptora de los servicios universitarios. Sin embargo, para consolidar esta pr ctica ser a recomendable incorporar de manera sistem tica la valoraci n de autoridades, docentes y beneficiarios mediante entrevistas, cuestionarios o fichas de satisfacci n. Tales evidencias ampliar an la interpretaci n y permitir an contrastar la perspectiva universitaria con la de los actores comunitarios.
La revisi n documental revel , adem s, que las distintas fuentes cumplieron funciones complementarias. Las planificaciones mostraron los prop sitos y procedimientos previstos; los informes permitieron reconstruir el desarrollo de las intervenciones; los registros de asistencia comprobaron la participaci n; y las fotograf as respaldaron visualmente la ejecuci n de determinadas acciones. Esta complementariedad confirma la necesidad de triangular las fuentes, pues ning n documento aislado ofrece una comprensi n completa del proceso. Una fotograf a demuestra que una actividad ocurri , pero no acredita el aprendizaje alcanzado; del mismo modo, la asistencia no garantiza una participaci n significativa.
En concordancia con la FAO (2013), las pr cticas identificadas pueden considerarse referentes tiles cuando responden a necesidades concretas, generan aprendizajes y poseen posibilidades de adaptaci n. Sin embargo, su transferencia a otros contextos no debe realizarse de manera mec nica. La implementaci n de huertos escolares, la recuperaci n de reas verdes o la reutilizaci n de materiales depender de la infraestructura, los recursos, las condiciones ambientales y la participaci n de cada comunidad. Por ello, los resultados deben entenderse como orientaciones flexibles para futuros proyectos y no como un modelo universal.
La sistematizaci n permiti transformar documentos dispersos en una interpretaci n organizada de la experiencia. Este aporte coincide con la UNESCO (2016), que reconoce la sistematizaci n como un medio para recuperar, documentar y difundir aprendizajes generados en las pr cticas educativas. En el presente estudio, este proceso hizo posible identificar las acciones recurrentes, las formas de acompa amiento, los recursos utilizados, las dificultades y las oportunidades de mejora. Tambi n permiti distinguir entre el cumplimiento formal de las actividades y las pr cticas que mostraron pertinencia acad mica, articulaci n institucional y respaldo documental.
Entre los aspectos susceptibles de mejora se encuentra la necesidad de uniformar los registros, establecer indicadores de seguimiento y fortalecer la evaluaci n de resultados. La documentaci n disponible permiti reconstruir las principales acciones, pero present diferentes niveles de profundidad. Por ello, los pr ximos procesos podr an incorporar una matriz com n para registrar objetivos, participantes, actividades, recursos, dificultades, aprendizajes y valoraci n de los beneficiarios. Esta medida facilitar a el seguimiento longitudinal y permitir a comparar los resultados entre periodos e instituciones sin reducir la experiencia a un simple control administrativo.
Una de las principales limitaciones del estudio deriva de su car cter documental y retrospectivo. Los hallazgos dependieron de la calidad, integridad y disponibilidad de los archivos generados durante 2024 2026. Adem s, al no haberse aplicado instrumentos espec ficos a estudiantes, tutores y beneficiarios, no fue posible contrastar todas sus percepciones ni medir cambios en conocimientos, competencias o actitudes. Tampoco corresponde establecer relaciones causales o generalizar los resultados a otros programas universitarios, debido a que la experiencia respondi a un contexto institucional determinado.
A pesar de estas limitaciones, la investigaci n aporta una lectura cr tica de la experiencia y ofrece orientaciones para mejorar futuros proyectos de vinculaci n. Los resultados sugieren que una pr ctica adquiere mayor valor cuando combina pertinencia comunitaria, fundamentos cient ficos, planificaci n, participaci n estudiantil, acompa amiento tutorial, retroalimentaci n y evidencias suficientes. En consecuencia, la vinculaci n puede constituirse en un escenario relevante para la formaci n de futuros docentes de Qu mica y Biolog a, siempre que sus actividades sean planificadas, documentadas, evaluadas y analizadas m s all del cumplimiento de las horas establecidas.
Conclusiones
La sistematizaci n permiti identificar que las buenas pr cticas de vinculaci n desarrolladas entre 2024 y 2026 se sustentaron en la integraci n de la inducci n, la planificaci n coordinada, el acompa amiento tutorial, la retroalimentaci n formativa y la articulaci n con las instituciones beneficiarias. Estos componentes favorecieron el desarrollo organizado de las actividades y permitieron relacionar las necesidades comunitarias con los prop sitos formativos de la carrera de Pedagog a de las Ciencias Experimentales de la Qu mica y la Biolog a.
Las acciones vinculadas con la implementaci n de huertos escolares, la recuperaci n de reas verdes, la reutilizaci n de materiales y la adecuaci n de espacios educativos constituyeron oportunidades para aplicar conocimientos cient ficos y pedag gicos en contextos reales. Su valor no se limit a la obtenci n de productos materiales, sino que comprendi la planificaci n de intervenciones, la selecci n de recursos, la organizaci n del trabajo y la adaptaci n de las actividades a las condiciones de cada instituci n.
El acompa amiento tutorial represent una pr ctica transversal durante el proceso. La orientaci n, el seguimiento y la revisi n de los productos facilitaron la resoluci n de dificultades y contribuyeron a mantener la correspondencia entre las actividades planificadas y las acciones ejecutadas. De igual manera, la retroalimentaci n adquiri mayor relevancia cuando se orient a promover la reflexi n, la autonom a y el mejoramiento progresivo del desempe o de los estudiantes.
La revisi n y triangulaci n de planificaciones, informes, registros de asistencia, fichas de seguimiento, productos acad micos y evidencias fotogr ficas permitieron reconstruir la experiencia con mayor consistencia. No obstante, se comprob que ninguna fuente documental pod a demostrar por s sola la calidad de la participaci n, los aprendizajes alcanzados o los efectos generados en las comunidades. Por esta raz n, los hallazgos se limitaron a los aspectos que contaban con respaldo documental suficiente.
El estudio cumpli su objetivo al sistematizar las buenas pr cticas desarrolladas en la formaci n de los estudiantes y recuperar aprendizajes tiles para futuras intervenciones. Sin embargo, debido a su dise o documental y retrospectivo, no fue posible medir cambios en los conocimientos, las competencias profesionales o las actitudes ambientales de los participantes, ni establecer el impacto permanente de las actividades en las instituciones beneficiarias. En consecuencia, los resultados deben comprenderse como una interpretaci n contextualizada y no como evidencia de relaciones causales.
Para fortalecer pr ximos proyectos, se recomienda utilizar formatos comunes de planificaci n, seguimiento y evaluaci n; incorporar la percepci n de estudiantes, tutores, autoridades y beneficiarios; y establecer indicadores que permitan valorar los resultados antes, durante y despu s de las intervenciones. Tambi n es necesario documentar las dificultades, los ajustes realizados y la continuidad de las acciones, con el fin de convertir la vinculaci n en un proceso permanente de aprendizaje, responsabilidad social y mejora institucional.
Referencias
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