MANIFESTACIONES CL NICAS Y TRATAMIENTO COGNITIVO-CONDUCTUAL DE LA AGORAFOBIA EN UNA ADULTA JOVEN: ESTUDIO DE CASO

CLINICAL MANIFESTATIONS AND COGNITIVE-BEHAVIORAL TREATMENT OF AGORAPHOBIA IN A YOUNG ADULT: A CASE STUDY

Autor: Luis Alberto L zaro Mac as

ORCID ID: https://orcid.org/0009-0000-4759-5417

E-mail de contacto: llazarom@unemi.edu.ec

Afiliaci n: : *Universidad Estatal de Milagro (Ecuador)

Art culo recibido: 15 de junio del 2026

Art culo revisado: 17 de julio del 2026

Art culo aprobado: 07 de agosto del 2026

Licenciatura en Psicolog a adquirida de la Universidad Estatal de Milagro (Ecuador).

 

 


Resumen

La agorafobia puede limitar la autonom a, la participaci n social y el desempe o acad mico de quienes experimentan un miedo intenso ante situaciones de dif cil escape. El objetivo fue analizar las manifestaciones cl nicas y los resultados de una intervenci n cognitivo-conductual en una adulta joven con diagn stico de agorafobia. Se desarroll un estudio de caso cl nico con una participante de 21 a os, cuya identidad se protegi mediante criterios de confidencialidad. La evaluaci n incluy entrevista cl nica, anamnesis, observaci n, revisi n de antecedentes y aplicaci n de la Escala de Ansiedad de Hamilton y la Escala de P nico y Agorafobia de Bandelow. Los resultados iniciales evidenciaron ansiedad grave, con 32 puntos en la primera escala, y s ntomas severos de p nico y agorafobia, con 36 puntos en la segunda. La intervenci n comprendi diez sesiones cognitivo-conductuales, en las que se aplicaron psicoeducaci n, respiraci n diafragm tica, relajaci n muscular, reestructuraci n cognitiva y exposici n gradual imaginada y en vivo. El proceso favoreci la identificaci n de pensamientos disfuncionales, el desarrollo de estrategias de afrontamiento y una mayor disposici n para aproximarse a las situaciones anteriormente evitadas. Se concluye que la intervenci n contribuy al fortalecimiento de la autonom a y al afrontamiento progresivo de las situaciones temidas. Sin embargo, los cambios fueron valorados cualitativamente, por lo que se requiere seguimiento y una evaluaci n psicom trica posterior para comprobar su estabilidad.

Palabras clave: Agorafobia; Ansiedad; Terapia cognitivo-conductual; Exposici n gradual; Estudio de caso.

Abstract

Agoraphobia can limit the autonomy, social participation, and academic performance of individuals who experience intense fear in situations from which escape may be difficult. The objective of this study was to analyze the clinical manifestations and outcomes of a cognitive behavioral intervention in a young adult diagnosed with agoraphobia. A clinical case study was conducted with a 21-year-old participant whose identity was protected in accordance with confidentiality principles. The assessment included a clinical interview, anamnesis, observation, background review, and administration of the Hamilton Anxiety Rating Scale and Bandelow s Panic and Agoraphobia Scale. The initial results revealed severe anxiety, with a score of 32 on the first scale, and severe symptoms of panic and agoraphobia, with a score of 36 on the second. The intervention comprised ten cognitive behavioral therapy sessions involving psychoeducation, diaphragmatic breathing, progressive muscle relaxation, cognitive restructuring, and gradual exposure, both imagined and in vivo. The process promoted the identification of dysfunctional thoughts, the development of coping strategies, and a greater willingness to approach previously avoided situations. It was concluded that the intervention contributed to strengthening autonomy and progressively confronting feared situations. However, the changes were assessed qualitatively; therefore, follow-up and a subsequent psychometric evaluation are required to verify their stability.

 

Keywords: Agoraphobia; Anxiety; Cognitive behavioral therapy; Gradual exposure; Case study.

 

Sum rio

A agorafobia pode limitar a autonomia, a participa o social e o desempenho acad mico de pessoas que experimentam medo intenso diante de situa es das quais pode ser dif cil escapar. O objetivo deste estudo foi analisar as manifesta es cl nicas e os resultados de uma interven o cognitivo-comportamental em uma jovem adulta diagnosticada com agorafobia. Desenvolveu-se um estudo de caso cl nico com uma participante de 21 anos, cuja identidade foi protegida segundo os princ pios de confidencialidade. A avalia o incluiu entrevista cl nica, anamnese, observa o, revis o de antecedentes e aplica o da Escala de Ansiedade de Hamilton e da Escala de P nico e Agorafobia de Bandelow. Os resultados iniciais evidenciaram ansiedade grave, com 32 pontos na primeira escala, e sintomas graves de p nico e agorafobia, com 36 pontos na segunda. A interven o compreendeu dez sess es cognitivo-comportamentais, nas quais foram aplicadas psicoeduca o, respira o diafragm tica, relaxamento muscular, reestrutura o cognitiva e exposi o gradual imaginada e ao vivo. O processo favoreceu a identifica o de pensamentos disfuncionais, o desenvolvimento de estrat gias de enfrentamento e uma maior disposi o para se aproximar de situa es anteriormente evitadas. Conclui-se que a interven o contribuiu para o fortalecimento da autonomia e para o enfrentamento progressivo das situa es temidas. Entretanto, as mudan as foram avaliadas qualitativamente, sendo necess rios acompanhamento e avalia o psicom trica posterior para verificar sua estabilidade.

 

Palavras-chave: Agorafobia; Ansiedade; terapia cognitivo-comportamental; Exposi o gradual; Estudo de caso.

 

 

Introducci n

 

Los trastornos de ansiedad constituyen un problema relevante de salud mental debido a su influencia en el bienestar emocional, las relaciones sociales y el desenvolvimiento cotidiano. Entre estos se encuentra la agorafobia, caracterizada por el miedo o la ansiedad intensa ante situaciones en las que la persona considera que escapar podr a resultar dif cil o que no recibir a ayuda si experimentara s ntomas de p nico. Este temor puede presentarse en el transporte p blico, espacios abiertos o cerrados, aglomeraciones, filas o circunstancias que impliquen permanecer fuera del hogar sin compa a. Como consecuencia, la persona evita estos escenarios, los enfrenta con un elevado malestar o necesita la presencia de alguien de confianza para sentirse segura (Balaram & Marwaha, 2024).

 

La agorafobia no se limita a la detecci n del miedo en determinados lugares, sino que se encuentra acompa ada de respuestas cognitivas, emocionales, fisiol gicas y tambi n conductuales que pueden interferir de forma importante en la vida de la persona que la presenta.

 

Entre sus s ntomas, se encuentran con pensamientos anticipatorios de peligro, miedo a perder el control, palpitaciones, dificultad para respirar, sudoraci n, mareos y la necesidad de escapar. Estas respuestas pueden legitimar las conductas de evitaci n, producir un c rculo en el que el alivio inmediato de tener que huir asegura el mantenimiento del problema.

 

Para la Organizaci n Mundial de la Salud (2025) la agorafobia se entiende como el miedo excesivo, la preocupaci n y la evitaci n de las circunstancias que pueden inducir un ataque de p nico o sensaciones de indefensi n, verg enza o atrapamiento.

 

Dentro de los tratamientos psicol gicos que se llevan a cabo para abordar los trastornos de ansiedad media la terapia cognitivo-conductual, cuyo eje est puesto en identificar e intentar cambiar las interpretaciones disfuncionales y las conductas que mantienen el miedo. Tal intervenci n puede incluir psicoeducaci n, respiraci n diafragm tica, relajaci n muscular, reestructuraci n cognitiva y exposiciones graduales a las situaciones temidas.

 

Papola et al. (2022) encontraron evidencias favorables para las intervenciones cognitivo-conductuales en personas con un trastorno de p nico con o sin agorafobia. Asimismo, el seguimiento de las actividades cotidianas muestra que la exposici n puede relacionarse con una mayor movilidad, una interacci n social m s frecuente y mejoras en el estado de nimo durante la vida diaria (Heinig et al., 2024).

 

La exposici n gradual representa un componente especialmente importante porque permite que la persona se aproxime de manera planificada y progresiva a los est mulos evitados. Su finalidad no consiste en eliminar inmediatamente toda sensaci n de ansiedad, sino en favorecer que el paciente permanezca en la situaci n, compruebe sus predicciones y desarrolle respuestas de afrontamiento m s adaptativas. Este procedimiento puede comenzar mediante la imaginaci n y continuar con experiencias en vivo organizadas seg n una jerarqu a de dificultad. De esta manera, la combinaci n de exposici n, reestructuraci n cognitiva y t cnicas de regulaci n fisiol gica puede contribuir a disminuir la evitaci n y fortalecer la percepci n de autoeficacia.

 

En este contexto, la investigaci n parte de la necesidad de comprender las manifestaciones cl nicas de la agorafobia y documentar los resultados de una intervenci n adaptada a las necesidades de una adulta joven. Por consiguiente, el objetivo del estudio fue analizar las manifestaciones cl nicas y los resultados de una intervenci n cognitivo-conductual en una adulta joven diagnosticada con agorafobia. Para ello, se examinaron los hallazgos obtenidos mediante la entrevista cl nica, la anamnesis, la observaci n y las escalas de ansiedad, p nico y agorafobia, as como los cambios identificados durante diez sesiones de intervenci n psicol gica.

 

Manifestaciones cl nicas y repercusiones funcionales de la agorafobia

 

La agorafobia es un trastorno de ansiedad caracterizado por el miedo intenso y persistente ante situaciones en las que la persona considera que escapar podr a resultar dif cil o que no dispondr a de ayuda si aparecieran s ntomas de p nico u otras reacciones incapacitantes.

 

Las situaciones temidas suelen incluir el uso del transporte p blico, la permanencia en espacios abiertos o cerrados, las aglomeraciones, las filas y la salida del hogar sin compa a. La Organizaci n Mundial de la Salud (2025) se ala que este trastorno comprende miedo, preocupaci n y evitaci n excesivos ante circunstancias que pueden generar sensaciones de p nico, indefensi n, verg enza o atrapamiento.

 

Las manifestaciones cl nicas de la agorafobia comprenden componentes cognitivos, emocionales, fisiol gicos y conductuales que interact an entre s . En el mbito cognitivo, la persona puede anticipar que sufrir una crisis, perder el control, se desmayar o no podr abandonar el lugar.

 

Estas interpretaciones suelen producirse incluso antes de enfrentar la situaci n temida, por lo que la anticipaci n se convierte en una fuente importante de ansiedad. De este modo, actividades habituales como abordar un autob s, ingresar a un establecimiento comercial, asistir a clases o permanecer en una multitud pueden percibirse como amenazas dif ciles de controlar.

 

Aunque la situaci n no represente un peligro objetivo, la respuesta emocional puede alcanzar una intensidad considerable. Balaram y Marwaha (2024) explican que el temor se relaciona principalmente con la creencia de que escapar ser a complicado o que no se recibir a ayuda en caso de presentar s ntomas semejantes a los de un ataque de p nico.

 

Las manifestaciones f sicas pueden aparecer en forma de palpitaciones, sudoraci n, temblores, mareos, dificultad para respirar, opresi n en el pecho, molestias abdominales, cansancio y sensaci n de desmayo. Estas respuestas del cuerpo pueden ser interpretadas como indicaciones de alarma ante un peligro inmediato y pueden alimentar el miedo y consolidar los pensamientos catastr ficos.

 

En el mbito conductual, la evitaci n se considera como una de las principales manifestaciones de la agorafobia. La persona puede evitar determinadas situaciones asociadas con el miedo, evitar ciertos espacios, modificar sus trayectos u optar por depender de otros para salir.

 

Tambi n puede manifestar conductas de seguridad como situarse cerca de las salidas, comprobar constantemente las posibles rutas de salida, llevar medicamentos sin necesidad inmediata o mantener contacto continuo con los familiares. Estas acciones contribuyen a reducir la ansiedad en el corto plazo, pero la persona es incapaz de comprobar que la situaci n puede enfrentarse sin que aparezcan las consecuencias temidas, por lo que alimentan el mantenimiento del trastorno.

 

Las repercusiones funcionales van a depender de la intensidad de los s ntomas, de la cantidad de situaciones que se evitan y del tiempo que ha pasado desde el inicio del problema. Se ha descrito el curso de los trastornos de ansiedad como persistente y puede llegar a afectar de forma significativa a la calidad de vida y al funcionamiento de las actividades cotidianas (Szuhany & Simon, 2022).

 

En el mbito personal, la agorafobia puede reprimir la autonom a y crear dependencia respecto a los familiares o las personas de m xima confianza. En el contexto social, puede conllevar a un estado de aislamiento, a una reducci n de las actividades de ocio y a limitaciones en el mantenimiento de los v nculos interpersonales. En el mbito acad mico o del trabajo, puede llegar a provocar inasistencias, retrasarlas, provocar problemas a la hora de trasladarse y a la reducci n del rendimiento o la mayor dificultad en hacer frente a las responsabilidades.

 

Por todo ello, el an lisis cl nico de la agorafobia no se limita a la identificaci n de la existencia del miedo, sino que tiene en cuenta la medida en que los s ntomas y las conductas de evitaci n afectan a las m ltiples reas de la vida de la persona. Con el caso que revisamos, esta mirada permite entender la conexi n entre las manifestaciones de ansiedad, la p rdida gradual de la autonom a y las dificultades que presentaba para hacer frente a las situaciones de la vida cotidiana, aspectos que ya orientaron posteriormente el trabajo de evaluaci n e intervenci n.

 

Evaluaci n psicol gica y diagn stico cl nico de la agorafobia

 

La evaluaci n psicol gica de la agorafobia es un proceso global que procura identificar la naturaleza, la intensidad y las repercusiones de los s ntomas. El proceso evaluativo no se limita a identificar que la persona siente miedo al exponerse a determinadas ocasiones, sino que tambi n examina las situaciones que lo provocan, los pensamientos anticipatorios, las respuestas fisiol gicas, las conductas de evitaci n y el deterioro que ocasionan a la vida cotidiana. Por esta raz n, el diagn stico debe apoyarse en diversas t cnicas e instrumentos que permitan comprender el problema desde una perspectiva cl nica y contextual.

 

De acuerdo con los criterios diagn sticos vigentes, la agorafobia se caracteriza por miedo o ansiedad intensa ante dos o m s situaciones relacionadas con el uso del transporte p blico, la permanencia en espacios abiertos o cerrados, las filas o aglomeraciones y la salida del hogar sin compa a.

 

Estas circunstancias son evitadas, requieren la presencia de un acompa ante o se soportan con un malestar significativo. Adem s, el miedo debe resultar desproporcionado frente al peligro real, mantenerse generalmente durante seis meses o m s y ocasionar afectaci n en reas importantes del funcionamiento personal, social, acad mico o laboral (Balaram & Marwaha, 2024).

 

La entrevista cl nica representa uno de los principales recursos de evaluaci n porque permite conocer el inicio y la evoluci n de los s ntomas, las primeras situaciones asociadas con el miedo y los cambios producidos en la rutina de la persona.

 

La anamnesis complementa la entrevista al organizar informaci n sobre los antecedentes personales, familiares, m dicos, psicol gicos, acad micos y sociales. Su aplicaci n permite reconocer experiencias que pudieron influir en el desarrollo del problema, acontecimientos estresantes, tratamientos anteriores, condiciones m dicas y redes de apoyo disponibles.

 

Estos datos son imprescindibles para formular el caso y entender por qu ciertos s ntomas aparecieron o se mantuvieron a lo largo del tiempo, as como para el hallazgo de factores protectores que puedan facilitar el proceso terap utico.

 

La observaci n cl nica proporciona informaci n sobre c mo act a la persona durante la evaluaci n. El profesional puede registrar la inquietud motora, la tensi n muscular, el patr n respiratorio, las dificultades para mantener la atenci n, los silencios prolongados o las expresiones que ponen de manifiesto el temor al narrar aquellas situaciones evitadas.

 

Ahora bien, ninguna de estas respuestas debe ser considerada de modo aislado, ya que pueden variar de acuerdo con el contexto y el nivel de confianza establecido, de ah que la observaci n tome mayor valor contrastada con la entrevista, la historia cl nica y los instrumentos psicom tricos.

 

Entre los instrumentos utilizados est la Escala de Ansiedad de Hamilton, que consta de 14 tems que valoran la intensidad de las manifestaciones ps quicas y som ticas de la ansiedad; cada tem se valora de 0 a 4 puntos y la puntuaci n total puede ser de hasta 56 puntos (Hamilton, 1959).

 

Se le otorga una calificaci n de 0 a 4 puntos, para un m ximo de 56 puntos totales; una alta puntuaci n representa una mayor intensidad de la sintomatolog a (Hamilton, 1959); esta escala nos sirve para tener una medida general del nivel de ansiedad y no expresa por s misma un diagn stico de agorafobia.

 

Para valorar de manera m s espec fica los s ntomas de p nico y agorafobia puede utilizarse la Escala de P nico y Agorafobia desarrollada por Bandelow. El instrumento consta de 13 tems distribuidos en cinco dimensiones: ataques de p nico, evitaci n agoraf bica, ansiedad anticipatoria, limitaci n funcional y preocupaciones relacionadas con la salud.

 

Esta organizaci n permite evaluar no solamente la aparici n de las crisis, sino tambi n sus consecuencias sobre las actividades cotidianas y la autonom a. Adem s, su aplicaci n puede servir para establecer la gravedad inicial y observar posibles cambios durante el proceso terap utico (Bandelow et al., 2000).

 

La integraci n de los datos obtenidos permite efectuar el diagn stico diferencial. Los s ntomas deben distinguirse de otras condiciones, como el trastorno de p nico, la ansiedad social, las fobias espec ficas, la ansiedad generalizada y determinados problemas m dicos que pueden producir palpitaciones, mareos o dificultades respiratorias. Tambi n debe analizarse si la evitaci n responde al temor de no poder escapar, a la evaluaci n negativa de otras personas, a un est mulo espec fico o a otra preocupaci n cl nica. Esta diferenciaci n es necesaria para seleccionar una intervenci n ajustada a las caracter sticas particulares del caso.

 

Por consiguiente, las escalas psicol gicas funcionan como recursos complementarios y no reemplazan el juicio cl nico profesional. Su interpretaci n debe considerar la historia personal, el contexto sociocultural, las condiciones de aplicaci n y la posible presencia de otros trastornos.

 

En el caso analizado, la combinaci n de entrevista cl nica, anamnesis, observaci n y escalas permiti reconocer la intensidad de la ansiedad, las manifestaciones de p nico, las conductas de evitaci n y sus repercusiones funcionales. Esta evaluaci n integral proporcion la base para formular el caso y planificar posteriormente la intervenci n cognitivo-conductual.

 

Intervenci n cognitivo-conductual en el tratamiento de la agorafobia

 

La terapia cognitivo-conductual constituye uno de los principales enfoques psicol gicos para intervenir en la agorafobia, debido a que permite abordar de manera integrada los pensamientos catastr ficos, las respuestas fisiol gicas de ansiedad y las conductas de evitaci n.

 

Se desarrolla mediante un proceso estructurado y colaborativo en el que el terapeuta y el paciente establecen objetivos, examinan las situaciones temidas y practican estrategias dentro y fuera de las sesiones. Garnica Escamilla (2021), desde el contexto mexicano, se ala que este enfoque combina t cnicas cognitivas y conductuales, entre ellas la respiraci n, la relajaci n, la reestructuraci n cognitiva, la exposici n y la resoluci n de problemas.

La problem tica de la ansiedad en los pacientes suele asociarse a la evitaci n de situaciones en las que aparece la ansiedad o en las que la persona presenta un patr n de evitaci n ante ella. La intervenci n comienza normalmente con la psicoeducaci n, la cual tiene como finalidad explicar las caracter sticas de la ansiedad, los factores que provocan sus manifestaciones y la forma en la que la evitaci n contribuye a que este problema se mantenga.

 

Considerar que las palpitaciones, la sudoraci n, los mareos o la dificultad respiratoria son manifestaciones de la respuesta de activaci n permite reducir la valoraci n catastr fica de esas sensaciones; al mismo tiempo, permite que la persona pueda aceptar que los s ntomas, aunque sean desagradables, no son sin nimos de una amenaza inmediata para su integridad.

 

Un componente importante que a adir es el entrenamiento en respiraci n desde el diafragma y relajaci n muscular. La respiraci n lenta y controlada logra ayudar a un correcto nivel de activaci n fisiol gica, y la relajaci n permite identificar y disminuir la tensi n corporal.

 

Estas estrategias no deben ser aplicadas s lo para huir del malestar, sino que deben considerarse recursos de autorregulaci n que permiten seguir en contacto con las situaciones temidas. Su pr ctica sigue con el tiempo puede potenciar el sentido de control y preparar a la persona para participar despu s en ejercicios de exposici n.

 

La restructuraci n cognitiva busca identificar, trabajar y cambiar los pensamientos autom ticos asociados al peligro. En la agorafobia pueden surgir ideas como "me voy a desmayar", "voy a perder el control", "no podr escapar", "nadie me podr ayudar".

 

El terapeuta acompa a a la persona en revisar las pruebas que apoyan o desmienten estas interpretaciones y en concretar pensamientos alternativos m s ajustados a la realidad. En un estudio que realiz Ceberio (2025) con pacientes de Buenos Aires, se concluy que las distorsiones cognitivas y los pensamientos autom ticos aparecen como relevantes en los trastornos de p nico con y sin agorafobia, por lo que su disminuci n puede considerarse un objetivo clave de la intervenci n.

La exposici n gradual es uno de los procedimientos b sicos del tratamiento cognitivo-conductual. Consiste en la exposici n planificada, gradual y reiterada a las situaciones que la persona teme o evita. Para ello se elabora una jerarqu a, donde los escenarios se organizan, de una forma u otra, seg n el nivel de ansiedad que producen.

 

En la exposici n se puede comenzar por situaciones imaginadas que dar n paso a la situaci n real, tal y como ser estar fuera de casa, entrar a un establecimiento, utilizar el transporte p blico o lugares concurridos. El objetivo no es que la persona se exponga a sus peores experiencias, sino que poco a poco va construyendo confianza en cada ejercicio.

 

En la exposici n se le va ense ando a la persona a estar el tiempo necesario en la situaci n para comprobar que las consecuencias no ocurren y que la ansiedad puede bajar sin necesidad de escapar. Tambi n se espera disminuir las conductas de seguridad, como depender en un acompa ante, estar cerca de la salida, salir del lugar al notar los primeros sentidos de incomodidad, ya que, si bien estas conductas provocan alivio, tambi n dicen a la persona que necesita de ellas, y en ese sentido refuerzan la idea de la peligrosidad de las situaciones.

 

Los trabajos de caso en el contexto latinoamericano han mostrado la necesidad de adaptar la intervenci n a las caracter sticas personales y sociales del paciente. Fiestas-Teque, N ez del Prado y Vivar (2011), en el Per , documentaron el caso de una persona agoraf bica en el que el miedo y la evitaci n limitaban la movilidad, la vida social, el desempe o formativo. ste antecedente permite poner de manifiesto que la intervenci n no deber a centrarse en s lo disminuir los s ntomas, sino ir tambi n recuperando las actividades que la persona puede haber dejado de lado y mejorar el desempe o cotidiano.

 

M todos y recursos

 

La investigaci n ha sido realizada desde una ptica cualitativa y apoyada por los datos cuantitativos recogidos mediante escalas psicol gicas. Se utiliz un dise o no experimental y longitudinal, en la modalidad de estudio de caso cl nico nico porque se llev a cabo un seguimiento durante las fases de evaluaci n e intervenci n con una nica participante. Este dise o permite estudiar, de forma contextualizada, las manifestaciones de la agorafobia, su influencia en el funcionamiento cotidiano y los cambios que se observan a lo largo del proceso terap utico.

 

La participante fue una adulta joven de 21 a os que present s ntomas de ansiedad, p nico, evitaci n de situaciones y dificultades para realizar determinadas actividades sin acompa amiento. Su selecci n fue intencional, considerando la presencia de manifestaciones compatibles con agorafobia y su disposici n para participar en el proceso de evaluaci n e intervenci n psicol gica. Por tratarse de un estudio de caso, los hallazgos se interpretaron de acuerdo con sus circunstancias personales y cl nicas, sin pretender generalizarlos a otras personas con el mismo diagn stico.

 

Como m todo principal se utiliz el estudio de caso cl nico, que permiti integrar la historia personal, los antecedentes del problema, las manifestaciones observadas, los resultados de los instrumentos psicol gicos y la evoluci n registrada durante las sesiones.

 

Tambi n se aplic el m todo anal tico-sint tico para examinar separadamente los componentes cognitivos, emocionales, fisiol gicos y conductuales de la agorafobia y, posteriormente, integrarlos en una formulaci n cl nica del caso. Asimismo, se emple el m todo inductivo-interpretativo para identificar patrones de respuesta, comprender el significado de las experiencias expresadas por la participante e interpretar los cambios producidos durante la intervenci n.

 

Las t cnicas de recolecci n de informaci n fueron la entrevista cl nica semiestructurada, la anamnesis, la observaci n directa y la aplicaci n de escalas psicol gicas. La entrevista permiti explorar el inicio, la frecuencia y la evoluci n de los s ntomas, as como las situaciones temidas, los pensamientos anticipatorios, las conductas de evitaci n y las repercusiones funcionales.

 

La anamnesis facilit la sistematizaci n de los antecedentes personales, familiares, m dicos, acad micos y sociales, vinculados al inicio y mantenimiento de la dificultad. La observaci n cl nica se llev a cabo a lo largo de las sesiones de evaluaci n e intervenci n para la presentaci n de las respuestas verbales y conductuales de la participante.

 

Se consideraron como indicadores la expresi n del miedo, la tensi n corporal, las variaciones de la respiraci n, la dificultad para presentar determinadas experiencias, la disposici n para realizar las actividades o las reacciones manifestadas a lo largo de los ejercicios de exposici n.

 

Los registros fueron confrontados con la informaci n presentada en las entrevistas y con los resultados de las escalas. Entre los recursos psicom tricos se utiliz la Escala de Ansiedad de Hamilton, conformada por 14 tems de evaluaci n de las manifestaciones ps quicas y som ticas de la ansiedad.

 

Cada tem recibido se punt a en una escala de 0 (ausencia del s ntoma) a 4 (grave), obteniendo como puntuaci n m xima 56 puntos. Su aplicaci n permiti conocer los s ntomas de ansiedad presentados, su intensidad inicial y poder complementar con informaci n cl nica, obtenida a trav s de las dem s t cnicas.

 

La Escala de P nico y Agorafobia de Bandelow fue tambi n utilizada; se compone de 13 tems conformados en cinco dimensiones: ataques de p nico, evitaci n agoraf bica, ansiedad anticipatoria, limitaci n funcional y preocupaciones sobre la salud. A partir de este instrumento y su aplicaci n se ha podido evaluar de forma particular la gravedad de los s ntomas de p nico y agorafobia y sus repercusiones sobre la autonom a y sobre la realizaci n de la vida cotidiana de la participante.

 

El procedimiento se organiz en tres fases. En la evaluaci n inicial se aplicaron la entrevista, la anamnesis, la observaci n y las escalas psicol gicas para formular el caso y establecer los objetivos terap uticos. La segunda fase comprendi diez sesiones de intervenci n cognitivo-conductual mediante psicoeducaci n, respiraci n, relajaci n, reestructuraci n cognitiva y exposici n gradual. Finalmente, se efectu una valoraci n cualitativa de los avances mediante los registros cl nicos, la observaci n y el cumplimiento de las actividades terap uticas.

 

Tabla 1

Organizaci n de las fases del estudio

Fase

T cnicas y recursos

Finalidad

Evaluaci n inicial

Entrevista cl nica, anamnesis, observaci n, Escala de Ansiedad de Hamilton y Escala de P nico y Agorafobia

Identificar s ntomas, antecedentes, situaciones temidas y afectaci n funcional

Formulaci n cl nica

An lisis de la informaci n y organizaci n de respuestas cognitivas, emocionales, fisiol gicas y conductuales

Comprender los factores asociados con el inicio y mantenimiento del problema

Intervenci n

Psicoeducaci n, respiraci n diafragm tica, relajaci n muscular, reestructuraci n cognitiva y exposici n gradual

Disminuir la evitaci n y fortalecer las estrategias de afrontamiento

Seguimiento

Registros cl nicos, observaci n y revisi n de actividades terap uticas

Identificar avances, dificultades y necesidades de continuidad terap utica

Nota. Elaboraci n propia a partir del proceso de evaluaci n e intervenci n desarrollado en el caso cl nico.

 

Para el an lisis de la informaci n se elaboraron matrices de organizaci n cl nica en las que se relacionaron las situaciones desencadenantes, los pensamientos autom ticos, las emociones, las respuestas fisiol gicas y las conductas de evitaci n. Las puntuaciones iniciales de las escalas se analizaron de acuerdo con sus respectivos criterios interpretativos y se presentaron mediante tablas o gr ficos descriptivos.

 

La informaci n cualitativa procedente de las entrevistas, la observaci n y los registros de las sesiones se organiz por categor as vinculadas con las manifestaciones cl nicas, la afectaci n funcional, las t cnicas aplicadas y los cambios observados.

 

Durante el estudio se respetaron los principios de confidencialidad, participaci n voluntaria, beneficencia y protecci n de la identidad. La participante fue informada sobre el prop sito del proceso, las t cnicas que ser an utilizadas y el tratamiento reservado de sus datos. En la presentaci n de los resultados se suprimieron nombres y datos que pudieran ayudar a la identificaci n. Tambi n se consider la necesidad de continuar con un seguimiento profesional que consolidara los progresos y diera respuesta a eventuales reapariciones o intensificaciones de los s ntomas.

 

An lisis y resultados

 

El an lisis incluy la informaci n obtenida mediante la entrevista cl nica, la anamnesis, la exploraci n del estado mental, la observaci n, la Escala de Ansiedad de Hamilton y la Escala de P nico y Agorafobia. Los resultados fueron organizados en cuatro componentes: manifestaciones cl nicas, intensidad de la ansiedad, gravedad de los s ntomas de p nico y agorafobia, evoluci n cualitativa durante la intervenci n.

 

Manifestaciones cl nicas y afectaci n funcional

 

La entrevista y la anamnesis permitieron conocer que la participante registraba miedo y ansiedad intensos en situaciones de salir de casa, usar el transporte p blico, permanecer en lugares concurridos y alejarse de una figura de confianza. Estas reacciones estaban acompa adas por pensamientos anticipatorios asociados con la posibilidad de sufrir una crisis, perder el control o no recibir ayuda.

 

En el mbito fisiol gico se registraron manifestaciones asociadas a la activaci n ansiosa, en el mbito del componente conductual hicieron su aparici n la evitaci n, la necesidad de ser acompa ada y la reducci n de la actividad realizada de forma aut noma. La participante precisaba de su hermana para salir, lo que evidenci que la agorafobia hab a comenzado a restringir su movilidad y participaci n social.

 

Durante la exploraci n del estado mental se observ que la participante vest a de manera acorde con su edad, presentaba un lenguaje comprensible y l gico y manten a contacto con la realidad. No se identificaron delirios, ilusiones ni alucinaciones. Sin embargo, su expresi n reflejaba tristeza y se evidenciaron respuestas de ansiedad durante la entrevista, especialmente al abordar determinadas experiencias personales y las situaciones que provocaban mayor temor.

 

Resultados de la Escala de Ansiedad de Hamilton

 

La aplicaci n de la Escala de Ansiedad de Hamilton produjo una puntuaci n total de 32 puntos, correspondiente a un nivel grave de ansiedad. El resultado estuvo integrado por 14 puntos en ansiedad ps quica y 18 puntos en ansiedad som tica.

 

Tabla 2

Resultados de la Escala de Ansiedad de Hamilton

 

Componente evaluado

Puntuaci n

Proporci n del resultado total

Ansiedad ps quica

14

43,75 %

Ansiedad som tica

18

56,25 %

Total

32

100 %

Nota. Datos obtenidos de la aplicaci n inicial de la Escala de Ansiedad de Hamilton.

 

En el gr fico 1, se muestra un ligero predominio de la ansiedad som tica, que represent el 56,25 % del resultado total, mientras que la ansiedad ps quica constituy el 43,75 %. Este hallazgo indica que el problema no se manifestaba nicamente mediante preocupaci n, temor y anticipaci n negativa, sino tambi n mediante una importante activaci n corporal.

 

Gr fico 1

Distribuci n de la ansiedad ps quica y som tica

 

Nota. Elaboraci n propia

 

La puntuaci n de 32 evidenci una sintomatolog a ansiosa de intensidad grave. La diferencia entre ambos componentes fue de cuatro puntos, por lo que, aunque predominaban las manifestaciones som ticas, los s ntomas psicol gicos tambi n alcanzaban una presencia considerable. La interacci n entre pensamientos anticipatorios y sensaciones f sicas pod a incrementar la percepci n de amenaza y fortalecer las conductas de evitaci n.

 

Resultados de la Escala de P nico y Agorafobia

 

En la Escala de P nico y Agorafobia se obtuvo un resultado total de 36 puntos, interpretado en el trabajo original como indicador de s ntomas severos. La dimensi n con mayor puntuaci n fue la evitaci n agoraf bica, seguida por los ataques de p nico y la discapacidad o limitaci n funcional.

 

 

 

Tabla 3

Resultados de la Escala de P nico y Agorafobia

 

Dimensi n

Puntuaci n

Agorafobia y conducta de evitaci n

10

Ataques de p nico

9

Discapacidad o limitaci n funcional

8

Ansiedad durante los periodos interataques

5

Preocupaciones relacionadas con la salud

4

Total

36

Nota. Datos obtenidos de la aplicaci n inicial de la Escala de P nico y Agorafobia.

 

En el siguiente gr fico permite reconocer que la agorafobia y las conductas de evitaci n alcanzaron la puntuaci n m s elevada, con 10 puntos. Este resultado coincide con la informaci n obtenida durante la entrevista, en la que se identificaron dificultades para salir sin compa a, utilizar determinados medios de transporte y permanecer en lugares concurridos. La evitaci n constitu a, por tanto, el componente m s visible del problema y uno de los factores que m s afectaban la autonom a (ver gr fico 2).

 

Gr fico 2

Resultados por dimensiones de p nico y agorafobia

 

Nota. Elaboraci n propia

 

Los ataques de p nico alcanzaron 9 puntos, lo cual evidencia una presencia importante de episodios caracterizados por miedo intenso y activaci n fisiol gica. La discapacidad o limitaci n funcional obtuvo 8 puntos, reflejando las repercusiones del trastorno en las actividades cotidianas, la movilidad y la participaci n social de la participante.

 

La ansiedad durante los periodos interataque registr 5 puntos. Este resultado indica que el malestar no se limitaba a los momentos de crisis, pues tambi n exist a preocupaci n anticipatoria ante la posibilidad de que apareciera un nuevo episodio. Las preocupaciones relacionadas con la salud obtuvieron 4 puntos, siendo la dimensi n con menor puntuaci n, aunque continuaba formando parte de la experiencia cl nica.

 

Integraci n de los resultados de las escalas

 

La comparaci n evidencia la coexistencia de ansiedad general intensa y manifestaciones espec ficas de p nico, evitaci n agoraf bica y limitaci n funcional. La puntuaci n de Hamilton mostr la gravedad global de los s ntomas ansiosos, mientras que la Escala de P nico y Agorafobia permiti precisar que la evitaci n, los ataques de p nico y la afectaci n de las actividades cotidianas constitu an los componentes cl nicos m s relevantes (ver tabla 4).

 

Tabla 4

S ntesis de los resultados psicom tricos iniciales

 

Instrumento

Puntuaci n obtenida

Interpretaci n registrada

Escala de Ansiedad de Hamilton

32

Ansiedad grave

Escala de P nico y Agorafobia

36

S ntomas severos de p nico y agorafobia

Nota. Los instrumentos fueron aplicados durante la evaluaci n inicial.

 

Estos resultados no deben compararse directamente como si pertenecieran a una misma escala, debido a que cada instrumento posee estructura y criterios de interpretaci n propios. Su valor radica en la complementariedad: la Escala de Hamilton permiti estimar la intensidad general de la ansiedad y la segunda escala aport informaci n espec fica sobre el p nico y la agorafobia.

 

Correspondencia con los criterios diagn sticos

 

La informaci n obtenida se contrast con los criterios cl nicos de la agorafobia. La participante present miedo y ansiedad intensa ante varias situaciones, particularmente el transporte p blico, los espacios abiertos con gran afluencia, los lugares concurridos y las salidas realizadas sin compa a. Tambi n se reconoci la preocupaci n de que escapar fuera dif cil o que no pudiera recibir ayuda si experimentaba s ntomas de p nico (ver tabla 5).

 

Tabla 5

Correspondencia entre los criterios cl nicos y las manifestaciones del caso

 

Criterio analizado

Manifestaci n identificada

Miedo ante dos o m s situaciones agoraf bicas

Temor al transporte p blico, espacios concurridos y salidas sin compa a

Pensamiento de dif cil escape o ausencia de ayuda

Preocupaci n por sufrir una crisis y no poder recibir asistencia

Aparici n frecuente de miedo o ansiedad

Respuesta ansiosa ante la anticipaci n y exposici n a las situaciones

Evitaci n o necesidad de acompa amiento

Dependencia de personas cercanas, principalmente de su hermana

Miedo desproporcionado

Reacci n intensa ante situaciones cotidianas sin peligro objetivo inmediato

Persistencia de los s ntomas

Continuidad del miedo y de la evitaci n en el funcionamiento habitual

Malestar o deterioro significativo

Restricci n de la movilidad, autonom a y participaci n social

Nota. S ntesis elaborada a partir de la tabla diagn stica contenida en el estudio cl nico original.

 

La correspondencia entre los criterios, la informaci n cl nica y los resultados psicom tricos sustent el diagn stico de agorafobia. La afectaci n no se reduc a al temor subjetivo, pues hab a producido cambios concretos en la movilidad y dependencia de la participante.

 

Resultados cualitativos de la intervenci n

 

La intervenci n cognitivo-conductual se desarroll durante diez sesiones de aproximadamente 60 minutos. En las primeras sesiones se priorizaron la evaluaci n, la construcci n de la relaci n terap utica y la psico-educaci n. Posteriormente se incorporaron t cnicas de respiraci n, relajaci n, identificaci n de pensamientos autom ticos, reestructuraci n cognitiva, fortalecimiento de habilidades sociales y exposici n gradual.

 

Tabla 6

S ntesis del proceso de intervenci n y resultados observados

 

Sesiones

Intervenciones principales

Resultados cualitativos observados

1 2

Entrevista, evaluaci n y psicoeducaci n

Comprensi n inicial de la agorafobia y reconocimiento de los s ntomas

3 4

Respiraci n, relajaci n e identificaci n de pensamientos autom ticos

Reconocimiento de la relaci n entre pensamientos, respuestas f sicas y conductas

5

Reestructuraci n cognitiva y habilidades sociales

Formulaci n de interpretaciones m s realistas y fortalecimiento de recursos personales

6

Elaboraci n de la jerarqu a de exposici n

Organizaci n progresiva de las situaciones temidas

7

Primera exposici n en vivo y entrenamiento para afrontar crisis

Aproximaci n a situaciones leves y aplicaci n de estrategias de afrontamiento

8 9

Exposici n a situaciones de mayor dificultad

Enfrentamiento progresivo de los est mulos evitados y revisi n de logros

10

Evaluaci n, prevenci n de reca das y seguimiento

Identificaci n de avances y elaboraci n de un plan para mantenerlos

Nota. Se mantiene la secuencia del plan terap utico presentado en la tabla original.

 

En este sentido, la psicoeducaci n favoreci que la paciente comprendiera la relaci n existente entre la ansiedad, las sensaciones f sicas, los pensamientos catastrofistas y la evitaci n; de hecho, a partir de los registros terap uticos fue comenzando a detectar las interpretaciones referidas a las situaciones temidas que aparec an antes y durante stas.

 

Los recursos de tipo respiraci n diafragm tica y relajaci n muscular proporcionaron recursos para identificar y regular la activaci n fisiol gica, mientras que la reestructuraci n cognitiva traz el camino para interrogar ideas como la p rdida del control, la escapatoria imposible y el apoyo continuado.

La elaboraci n de una jerarqu a constituy la manera de organizar las situaciones temidas de acuerdo a su complejidad. Las exposiciones fueron comenzando con situaciones f ciles y terminaron en situaciones dif ciles. Y durante este proceso se evidenci una apertura hacia la llegada a la situaci n temida y la aplicaci n de las estrategias adoptadas.

 

Sin embargo, los cambios posteriores deben concebirse en t rminos cualitativos; el documento original no report una segunda aplicaci n de la Escala de Ansiedad de Hamilton ni la Escala de P nico y Agorafobia, raz n por la cual no se puede realizar afirmaciones en t rminos de una reducci n num rica de los s ntomas ni tampoco se pueden presentar gr ficos pretest postest.

 

Los resultados s permiten afirmar que hay avances en la identificaci n de pensamientos disfuncionales, el uso de estrategias de afrontamiento y la gradual aproximaci n a las situaciones temidas, ya que no se puede calcular el porcentaje de mejora.

 

En resumen, los hallazgos igualmente muestran que la participante ten a una afectaci n cl nica grave en el inicio, especialmente vinculada a la evitaci n, a los ataques de p nico y a la limitaci n funcional. La intervenci n ayud en el desarrollo de recursos cognitivos y conductuales y favoreci el afrontamiento gradual a las situaciones evitadas, aunque fue preciso establecer el seguimiento terap utico para asentar la autonom a, reforzar las exposiciones y prevenir posibles reca das.

 

 

Discusi n

Los resultados revelaron que la agorafobia afect de manera importante el funcionamiento cotidiano de la participante (sobre todo a su movilidad, autonom a y a la participaci n social), el miedo a "mantener una crisis en un lugar donde pudiera haber dificultades para escapar o recibir ayuda", la conducta de evitaci n y la dependencia habitual de las personas cercanas, preferentemente de su hermana.

 

Este tipo de manifestaciones concuerdan con lo que expone Balaram y Marwaha (2024), quienes afirman que los individuos con agorafobia evitan poderosamente el uso del transporte p blico, de los lugares abarrotados y de salir a lugares sin compa a al considerarse incapaces de encontrar la manera para enfrentarse a una eventual crisis.

 

La Escala de Ansiedad de Hamilton alcanz una puntuaci n total de 32 que fue considerada como una ansiedad grave. Dentro de esa puntuaci n se pone de manifiesto una pr ctica predominante de la ansiedad som tica de 18 y de 14 en la ansiedad ps quica, lo que sugiere que la pr ctica cl nica se hab a desarrollado mediante pensamiento anticipatorio y temor pero tambi n con elevada activaci n corporal.

 

Las respuestas fisiol gicas se pueden interpretar de forma catastr fica hasta llegar a implicar se ales de un fracaso peligroso y, a su vez, puede incrementar el acontecimiento de la ansiedad y, por lo tanto, la necesidad de evitar la situaci n. Szuhany y Simon (2022) tambi n defienden que los trastornos de ansiedad se manifiestan a trav s de la conjunci n de m ltiples clases de manifestaciones a nivel cognitivo, afectivo, conductual y fisiol gico que son capaces de afectar a diferentes de las diferentes reas de la vida cotidiana.

 

La prevalencia de los s ntomas som ticos explica por qu determinadas sensaciones f sicas desempe aron un papel fundamental en el mantenimiento del problema. La participante al notar el cambio corporal relacionado con la ansiedad puede propiciar pensamientos relacionados en perder el control, presentar una crisis o no recibir ayuda. se evidencia en este sentido una relaci n circular entre la espera del peligro, la activaci n fisiol gica y la evitaci n.

 

Siguiendo a Ceberio (2025) las distorsiones cognitivas y pensamientos autom ticos tienen un papel central en los trastornos de p nico con y sin agorafobia, en cuanto que intervienen en la apertura de la prueba amenazante de las experiencias internas y externas.

 

La Escala de P nico y Agorafobia consigui un resultado de 36 puntos, que fue valorado como un claro indicador de la presencia de s ntomas intensos en este dominio. La evitaci n agoraf bica fue la dimensi n que obtuvo la puntuaci n m s alta, 10 puntos, a continuaci n se situaron los ataques de p nico con una puntuaci n de 9 puntos y por ltimo limitaci n funcional, con 8 puntos.

 

Los resultados reflejan que el problema no se limit a la experiencia de episodios de ansiedad muy intensos, sino que hab a condicionado el comportamiento habitual de la participante. La evitaci n de las situaciones que daban lugar a episodios de ansiedad resultaba en un condicionamiento del recorrido y en un incremento de la necesidad de tener o contar con un acompa ante en situaciones cotidianas.

 

Este resultado equivale a confirmar que la evitaci n puede ser efectiva para proporcionar alivio inmediato, pero al mismo tiempo hace tambi n que se mantenga el trastorno, ya que la persona se ve privada de la posibilidad de comprobar que puede quedarse en la situaci n y responder sin las consecuencias que se temen.

 

La dependencia de una figura de confianza puede tambi n funcionar como conducta de seguridad: la proporciona, en situaciones cr ticas, una soluci n temporal para afrontar la situaci n problem tica. Sin embargo, la dependencia de una persona puede limitar el desarrollo de la autonom a cuando se transforma en un recurso esencial para salir o desplazarse. Por todo ello, la reducci n progresiva de la evitaci n constituy uno de los principales objetivos de la intervenci n.

 

La limitaci n funcional que se evidenci en la escala preestablecida fue coherente con la informaci n proporcionada en la entrevista, en la anamnesis y en la observaci n cl nica. La participante ya limitaba actividades sociales y de desplazamiento que antes pod a desempe ar con mayor independencia.

 

La correspondencia entre las distintas fuentes de informaci n aport un mayor entendimiento cl nico del caso y dio cuenta de lo importante que es no basar s lo en la puntuaci n psicom trica el diagn stico. Las escalas dieron cuenta de la intensidad de los s ntomas, las t cnicas cualitativas dieron a conocer su expresi n en la vida diaria.

 

El entrelazamiento de los resultados cl nicos y psicom tricos posibilit establecer una correspondencia con los criterios del diagn stico de agorafobia. Se hallaron miedo ante algunas situaciones, preocupaci n por la dificultad para escapar o recibir atenci n, evitaci n, necesidad de ser acompa ado y deterioro de la autonom a.

 

Esta correspondencia sustent la formulaci n cl nica y orient el proceso de selecci n de las t cnicas cognitivo-conductuales, pero el diagn stico no se bas en las puntuaciones de las escalas, sino en la integraci n de los antecedentes, las manifestaciones observadas y la afectaci n funcional.

 

En el transcurso transacciones de diez sesiones se produjeron modificaciones cualitativas en la comprensi n del problema y el uso de estrategias de afrontar el mismo. La psicoeducaci n ayud a tomar conciencia de la relaci n existente entre pensamientos catastr ficos, respuestas fisiol gicas y conductas de evitaci n.

 

Esta forma de abordaje, la respiraci n diafragm tica, la relajaci n muscular ayudaron a disponer de recursos para manejar la activaci n corporal. Garnica Escamilla (2021) se ala que las intervenciones cognitivo-conductuales pueden albergar procedimientos de respiraci n, relajaci n, reestructuraci n cognitiva y exposici n para atender a cada uno de los componentes de la ansiedad.

 

La introducci n de pensamientos alternativos de tipo realistas no estaba orientada a negar el malestar, sino a modificar la valoraci n de peligro que puede no ser realista y a potenciar la autoeficacia para las situaciones a afrontar.

 

La exposici n gradual, tanto imaginada como en vivo, result coherente con el ndice de evitaci n que se hab a puesto de manifiesto en los resultados iniciales. La elaboraci n de una forma jer rquica ayud a tener ordenadas las situaciones en funci n de su dificultad y, as , aplicar progresivamente aproximaciones a ellas.

 

En la exposici n, se valor una mayor disposici n a realizar tareas inicialmente evitadas. Este resultado coincide con lo que dicen Papola et al. (2022), quienes apuntan que el uso de intervenciones psicol gicas en las que tienen un protagonismo importante componentes cognitivos y conductuales son v lidas para su tratamiento en tanto en cuanto incluyen procedimientos de exposici n.

 

Desde el enfoque latinoamericano, Fiestas-Teque, N ez del Prado y Vivar (2011) concluyeron que la agorafobia puede afectar la movilidad, la vida social y la actividad de la persona. Existen caracter sticas espec ficas del caso que pueden diferenciarlo, pero ambas producciones coinciden en que el tratamiento no ha de ir orientado nicamente a reducir el malestar emocional, sino que ha de estar orientado a recuperar las actividades que se evitan. En el caso en el que hemos intervenido, el fortalecimiento de la autonom a fue un indicador tanto cl nico como importante para la modificaci n del s ntoma.

 

Si bien son de destacar las mejoras mostradas, hay que tener en cuenta que los resultados deben tomarse con cautela; en las evaluaciones iniciales se administraron nicamente las escalas de Hamilton y de P nico y Agorafobia, por lo que no contamos con puntuaciones finales que nos garanticen estad sticamente una disminuci n de la ansiedad y el c lculo de los porcentajes de mejor a. As que no podr a asegurarse la eficacia del tratamiento ni a partir de comparaciones num ricas.

 

Fundamentalmente, se trata de cambios descriptivos procedentes de observaciones cl nicas; testimonios de la participante, cumplimiento de actividades y aproximaci n a las situaciones temidas se incorporan como datos en la pr ctica de la investigaci n.

 

La posibilidad de generalizar los resultados es otra de las limitaciones a tener en cuenta, dado que el dise o de caso nico pondr por delante la experiencia concreta de una adulta joven y que no se puede decir que el tratamiento servir a para cualquier persona que padezca agorafobia.

 

Adicionalmente, el hecho de que el tratamiento dure diez sesiones implica que se inicia el proceso de exposici n y prevenci n de reca das, pero no es suficiente para comprobar la verdadera permanencia de los cambios a mediano y largo plazo. Por lo tanto, es necesario hacer un seguimiento para comprobar el mantenimiento de actividades aut nomas, la disminuci n de conductas de seguridad y la reacci n a los posibles episodios de ansiedad.

 

Sin embargo, la existencia de datos de evaluaci n posterior nos lleva a presentar estos progresos como cambios cualitativos, no como pruebas cien por cien v lidas que confirmen la recuperaci n. Intervenciones futuras deber an considerar la realizaci n de una evaluaci n final y de un seguimiento posterior con los mismos instrumentos con el fin de esclarecer con mayor exactitud la evoluci n cl nica.

 

Conclusi n

La evaluaci n comprehensiva demostr que la participante padec a manifestaciones que eran compatibles con agorafobia, manifestaciones que se hallaban caracterizadas por un miedo intenso, por una ansiedad anticipadora, por ataques de p nico, por conductas de evitaci n y por una necesidad de acompa amiento muy frecuente. Estas manifestaciones han supuesto una afectaci n significativa en la movilidad, en la autonom a y en la participaci n en actividades cotidianas y sociales.

 

Los resultados psicom tricos contrastaban con la evaluaci n cl nica y mostraron la presencia de una afectaci n cl nica importante. La Escala de Ansiedad de Hamilton alcanz hasta 32 puntos, puntuaci n que corresponde a una ansiedad grave y en la que predominaban las manifestaciones som ticas.

 

Por su parte, la Escala de P nico y de Agorafobia alcanz hasta los 36 puntos, destacando las mayores puntuaciones en el dominio de la evitaci n agoraf bica, en los ataques de p nico y en las limitaciones funcionales. A medida que el caso se constru a con la entrevista, la anamnesis y la observaci n de la participante, estos resultados fueron para llevar a localizarlos en los t rminos de la cl nica y del contexto.

 

De esta manera, la intervenci n cognitivo-conductual, llevada a cabo en diez sesiones, ha sido la respuesta a las principales necesidades detectadas. La psicoeducaci n, la respiraci n diafragm tica, la relajaci n muscular, la reestructuraci n cognitiva y la exposici n gradual dieron pie, con el apoyo de la terapeuta, a que la participante entendiera la relaci n entre sus pensamientos, sus sensaciones f sicas y entre sus conductas de evitaci n. Tambi n contribuyeron a la adquisici n de estrategias de afrontamiento y a una aproximaci n gradual a las situaciones que percib a como amenazantes.

 

Los cambios que se constataron fueron principalmente cualitativos, que se tradujeron en una mayor identificaci n de los pensamientos autom ticos, el uso de recursos de autorregulaci n y una mejor predisposici n a hacer actividades que antes eran evitadas, pero al no haberse aplicado de nuevo las escalas al t rmino de la intervenci n, no fue posible cuantificar la reducci n de los s ntomas y ofrecer un porcentaje de mejor a.

 

Se considera que la intervenci n cognitivo-conductual se constituy como una alternativa adecuada para abordar las manifestaciones de la agorafobia en el caso estudiado, pero al ser una intervenci n en un dise o de caso nico, sus resultados no pueden ser generalizables.

 

Se sugiere mantener el seguimiento psicol gico, aumentar la significatividad de los ejercicios de exposici n, disminuir las conductas de seguridad y aplicar las escalas en una evaluaci n posterior para comprobar la estabilidad de los avances y prevenir reca das.

 

Referencias

 

Balaram, K., & Marwaha, R. (2024). Agoraphobia. In StatPearls [Internet]. StatPearls Publishing.

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Ceberio, M. (2025). Trastornos de p nico y agorafobia. Reducci n de distorsiones cognitivas y pensamientos autom ticos. Revista de Investigaci n del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales, 13-39.

Fiestas-Teque, L., del Prado, P., & Vivar, R. (2011). Agorafobia en la infancia: A prop sito de un caso. Revista de Neuro-Psiquiatr a, 213-218.

Garnica Escamilla, M., Morales Cruz, R., Rodr guez Ochoa, N., Vargas Torres, E., & Mar n Landa, O. (2021). Terapia audiovisual. Propuesta para disminuir ansiedad en pacientes quemados durante su estancia en la unidad de cuidados intensivos. Medicina cr tica (Colegio Mexicano de Medicina Cr tica), 96-100.

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Heinig, I., Wei , M., Hamm, A., Hein, G., Hollandt, M., Hoyer, J., . . . Pittig, A. (2024). Exposure traced in daily life: improvements in ecologically assessed social and physical activity following exposure-based psychotherapy for anxiety disorders. J Anxiety Disord, 101:102792.

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Papola, D., Ostuzzi, G., Tedeschi, F., Gastaldon, C., Purgato, M., Del Giovane, C., . . . Barbui, C. (2022). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for panic disorder with or without agoraphobia: systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. Br J Psychiatry, 507-519.

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